Nunca llueve a gusto de todos es, seguramente, el más certero de los dichos que podemos asociar a la agricultura. Tal y como está pasando actualmente en la Comunidad Valenciana, donde las lluvias intensas que azotaron la región a finales de 2025 han causado estragos en el sector agrícola, especialmente en el cultivo de cítricos.
Según la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), más de 75.000 toneladas de estas frutas, en su mayoría de la variedad clemenules, se han perdido a consecuencia del exceso de humedad. Esta variedad, muy presente en la provincia de Castellón, ha sido una de las más perjudicadas por las condiciones climáticas y por el retraso en la recolección.
Estas lluvias no llegaron de forma puntual, sino que fueron precedidas por un mes de diciembre especialmente lluvioso y culminaron con precipitaciones que alcanzaron hasta 250 litros por metro cuadrado. A ello se suma un problema estructural: numerosos operadores comerciales no cumplieron con los contratos de compraventa firmados con los agricultores.
Pérdidas por valor de 28 millones de euros
Muchos de estos compradores no enviaron a tiempo sus cuadrillas para recoger la fruta, pese a que ya se encontraba en su punto óptimo de maduración. Esto dejó los cultivos desprotegidos frente al temporal, provocando la aparición de problemas como el pixat y la podredumbre de la fruta.
El valor económico de esta producción perdida se sitúa en torno a los 28 millones de euros, un golpe significativo para los agricultores de la zona, que ya venían arrastrando una crisis de rentabilidad. Esta situación no solo representa una merma económica, sino que también incrementa el desperdicio alimentario en los campos, al dejarse toneladas de frutas inservibles sin recoger.
El último temporal del año vino a empeorar aún más la situación. AVA-ASAJA estima que las pérdidas directas por ese episodio concreto ascienden a unos 3 millones de euros, con lo que el total de daños solo en diciembre supera los 31 millones.
Además de las pérdidas en cítricos, también se han registrado perjuicios en el cultivo de kakis y hortalizas. El agua desbordó cauces, arrastró tierras y anegó infraestructuras agrícolas, dejando zonas como La Ribera Alta, La Ribera Baixa y La Safor especialmente afectadas.
Aparición del granizo y zonas que se salvan
Aunque la mayor parte de las precipitaciones vinieron en forma de lluvia, en algunos puntos también se registró caída de granizo. En general, fue de tamaño reducido y con poco impacto, pero en áreas como Simat de la Valldigna (especialmente en Pla de Corrals), Barxeta y Quatretonda, el pedrisco provocó daños severos. También se reportaron incidentes en localidades como Torrent, Alginet, Sueca, Picassent y Alcàsser, lo que evidencia la extensión del problema.
No todo el panorama es negativo. Algunas variedades de cítricos que maduran en la segunda mitad de la campaña han tolerado bien el exceso de agua e incluso han mejorado en calibre. No obstante, aún no se descartan daños en las variedades de media estación, dependiendo de cómo evolucione el clima en las próximas semanas. En el caso del kaki, aún hay incertidumbre sobre los efectos del granizo y las lluvias en los frutos pendientes de recolección.
Por otra parte, los campos de hortalizas como coles y alcachofas también quedaron impracticables debido al barro y al encharcamiento. Aunque los agricultores han reducido los riegos gracias a la abundancia de agua, ahora deberán asumir nuevos gastos para aplicar tratamientos fungicidas que eviten la aparición de hongos, lo cual añade otra carga económica en un contexto ya complicado.
Imágenes | AVA-ASAJA