La política migratoria de Trump está dejando a los restaurantes de EEUU sin personal para lavar los platos: "Es una situación crítica"

La falta de lavaplatos se ha convertido en una de las mayores preocupaciones del sector, que ya habla de escasez de mano de obra en puestos esenciales

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Joana Costa

Editor

En la sala no se ve, pero en la cocina todo empieza ahí. Antes del primer café servido y después del último cliente, hay un puesto sin glamour y absolutamente decisivo para que un restaurante funcione: el fregadero industrial. Ahora, en Estados Unidos, ese es precisamente uno de los trabajos más difíciles de cubrir.

Según cuenta The Wall Street Journal, los restaurantes estadounidenses están teniendo cada vez más problemas para encontrar personal para lavar platos, un puesto marcado por el trabajo físico, la alta rotación y los salarios bajos, dejando "una situación crítica".

El diario explica que la política migratoria más dura impulsada por Donald Trump está agravando la situación en un sector donde aproximadamente uno de cada cinco trabajadores es extranjero.

A esa presión se suma otro cambio silencioso: cada vez menos jóvenes aceptan este tipo de empleos como puerta de entrada al mercado laboral. El resultado es una tormenta perfecta para bares, brunches y grandes cadenas. Según recoge WSJ, se publicaron decenas de miles de ofertas para puestos de lavaplatos el último año, situándolo entre los más demandados de toda la restauración.

Grandes grupos

La situación preocupa especialmente a grandes grupos. El consejero delegado de First Watch, una cadena con más de 600 locales, reconoce al diario que es uno de sus principales quebraderos de cabeza y lo define como un puesto "difícil y crítico".

La preocupación se repite en otras compañías, desde grupos de restauración tradicional hasta cadenas de sushi que ya están incorporando lavavajillas robotizados para aliviar la falta de personal.

Detrás del problema hay también una cuestión económica. Según los datos citados por el periódico, el salario medio ronda los 32.500 dólares anuales, una de las franjas más bajas dentro del sector hostelero.

Es un trabajo duro: calor constante, turnos largos, cierre nocturno, limpieza de suelos y retirada de basura. Además, muchas veces son los últimos en salir del restaurante.

La industria teme que esta escasez termine afectando directamente al servicio, porque sin vajilla limpia no hay rotación de mesas ni cocina que aguante el ritmo.

Más allá de la cocina, el problema retrata cómo las decisiones migratorias están empezando a impactar en la vida cotidiana del consumo. A veces, la política también acaba notándose en algo tan simple como el tiempo que tarda en llegar un plato a la mesa.

Foto | The White House/Hamit Ferhat 

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