Con la llegada de Donald Trump nuevamente a la Casa Blanca, Europa ha vivido varios meses de tensión ante el posible endurecimiento de las políticas comerciales impulsadas por el presidente republicano.
Desde Bruselas hasta Roma, el temor era claro: nuevos aranceles punitivos que afectarían a un sinfín de productos agroalimentarios europeos. Para el viejo continente, y en particular para economías como la española e italiana, los anuncios de Washington se convirtieron en una amenaza directa al corazón de su actividad exportadora.
Durante esta segunda etapa de Trump al frente del Gobierno estadounidense, se revivieron los temores de su primer mandato, cuando impuso medidas proteccionistas con el argumento de defender la industria local.
El foco se puso sobre productos emblemáticos del sur de Europa: queso, vino, embutidos, aceitunas y aceite de oliva. Muchos de ellos con un peso clave en la balanza comercial de España. Sin embargo, esta vez no fue nuestro país el más golpeado, sino Italia, cuya industria de la pasta temió quedar atrapada en un conflicto comercial que amenazaba seriamente sus intereses.
La pasta en el centro del conflicto
A finales de 2025, la administración estadounidense anunció que 13 empresas italianas dedicadas a la producción de pasta serían objeto de nuevos aranceles acusadas de realizar prácticas de dumping, es decir, vender sus productos a precios injustamente bajos en el mercado estadounidense.
La cifra alarmó tanto a las compañías como al Gobierno italiano: un aumento del 92% en los aranceles, que se sumaría al ya existente del 15% sobre importaciones de la Unión Europea. Esta combinación habría dejado a la pasta italiana en clara desventaja frente a competidores internacionales.
Sin embargo, tras una revisión detallada del caso por parte del Departamento de Comercio de EE. UU., el panorama ha dado un giro favorable. Las autoridades estadounidenses reconocieron que muchas de las preocupaciones iniciales habían sido atendidas por los exportadores italianos, lo que permitió reducir significativamente los porcentajes inicialmente planteados.
Del 92% al 9,09% de arancel extra
La empresa La Molisana, que en un principio enfrentaba la perspectiva de un arancel del 92%, verá reducida esa cifra a tan solo un 2,26%. Por su parte, Pastificio Garofalo tendrá que afrontar un arancel del 13,98%. El resto de las compañías italianas incluidas en la investigación, que no fueron analizadas de forma individual, deberán hacer frente a un arancel medio del 9,09%. Aunque esta cifra sigue siendo superior a la tarifa base, está muy lejos del castigo comercial que inicialmente se preveía.
Este alivio en las tasas arancelarias ha sido interpretado como una muestra de buena voluntad por parte de Washington, en especial por el reconocimiento de la colaboración de las empresas italianas durante la investigación. Antonio Tajani, ministro de Exteriores italiano, celebró la decisión y consideró que refleja la voluntad estadounidense de mantener un diálogo justo y transparente.
No obstante, todavía queda una etapa por cerrar en este proceso. El dictamen definitivo está previsto para el 12 de marzo de 2026, aunque existe la posibilidad de que se retrase hasta dos meses. Hasta que no se publique esa resolución final, no se aplicarán los nuevos aranceles, lo cual otorga un pequeño margen de respiro a los productores. Pero la incertidumbre no ha desaparecido por completo.
Las cifras reflejan la importancia de este mercado para Italia. En 2024, el comercio italiano de pasta –tanto en el mercado comunitario como en el exterior– supuso unos 6.200 millones de euros y cerca de 670 millones de euros correspondieron únicamente al mercado estadounidense. Por ahora, Italia respira con más alivio.
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