No llueve a gusto de todos con el acuerdo arancelario que la Unión Europea ha alcanzado con Estados Unidos y que, si nada cambia, entrará en vigor el próximo 1 de agosto.
Grosso modo, la realidad es que los productos europeos deberán hacer frente a un incremento arancelario del 15% para comercializar sus productos en Estados Unidos. Sin embargo, esa lluvia a distinta velocidad deja algunas víctimas por el camino que aún no saben cómo se enfrentarán al cambio.
Entre ellos, elementos tan identitarios de las exportaciones españolas como el ajo, el primer producto hortofrutícola español o las conservas de pescado. La realidad es que, en teoría, ajenos a los aranceles habría determinados productos como frutos secos, langostas, pescados procesados, quesos, determinados lácteos o, incluso alimentos para mascotas.
En el caso del ajo, hablamos de un producto estrella como explican desde Efeagro. Se trata del primer producto por volumen en cuanto a exportación hortofrutícola, con cerca de 18.000 toneladas en 2024 y una facturación que supera los 68 millones de euros que, ahora, tiene que hacer frente a una nueva situación arancelaria.
En este sentido, la patronal conservera de pescado y marisco Anfaco-Cytma, expresaba por boca de su portavoz Roberto Alonso, que falta "conocer detalles técnicos o cómo se aplicará el 15%, si será adicional o total sobre los productos".
Además, ha insistido en otra realidad: "No solo exportamos productos". Se refiere así a que, aparte de vender más de 300 millones de euros en productos pesqueros, España también importa materias primas como el abadejo o la merluza, de las que "no se sabe que arancel tendrán con la entrada en vigor".
Distinto cantar y malestar es el que tiene el sector de la almendra, al que ya se vapuleó con las primeras medidas arancelarias con las que se respondió desde Europa ya que, en un principio, las almendras estadounidense habrían sido de los últimos productos en ser gravados con barreras de entrada.
En este caso, la almendra se ve en un complicadísimo limbo por lo que agrupaciones como la Asociación Española de Productores de Almendra Ecológica y Convencional consideran la firma del acuerdo como "una bajada de faja y pantalón".
Los motivos son, lógicamente, entendibles. Partiendo de que el 85% de la almendra mundial se produce en Estados Unidos y que Europa, en conjunto, apenas produce el 10%, tener que enfrentar barreras arancelarias para vender allí es una losa insalvable. A ello se suma que no habrá contraprestación para la almendra estadounidense, más barata y más masiva, aunque de peor calidad, por lo que no se entienden unos aranceles que "triplican el porcentaje de entrada de la almendra americana en Europa".
Imágenes | Dragana_Gordic