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La barrica de madera

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El descubrimiento de la relación que la madera tiene con el vino fue fruto de la casualidad. En un principio, la primera se utilizaba para transportar al segundo, esta primera relación enseguida puso de manifiesto una interacción mucho más compleja entre ambos elementos, el paso por madera otorga al vino unas características diferenciadoras, amén de una mayor capacidad de longevidad en óptimas condiciones. Estos dos factores son los principales beneficiados de la asociación vino-madera.

El vino conservado en barrica de madera mantiene mejor sus características a lo largo de los años gracias a un complejo proceso denominado polimerización de taninos, mediante el cual, básicamente, la madera permite un moderado contacto del vino con el oxígeno, lo que garantiza que diversos componentes del vino (principalmente taninos y antocianos) mantengan cierta estabilidad evitando su precipitado, lo que acarrearía una importante merma de cualidades.

Las cualidades organolépticas del vino también se ven alteradas por la interacción con la madera. A la vista, el vino tiene tendencia a perder su vivacidad, la juventud que denotan sus colores más vívidos se tornan en apagados con el paso en madera, en nariz, el vino se beneficia de los complejos matices que aporta la barrica, enriqueciéndose con aromas de origen vegetal, propios de la madera y los aportados por el tostado de la barrica. En la boca el vino envejecido en barrica gana en estructura, en volumen y en longitud. Como se puede ver, todo un beneficio.

El sistema de elaboración de las barricas, con ciertos matices, lleva inalterable desde el principio de los tiempos, se realiza de manera manual por doblado y tostado a fuego.

Inicialmente, la madera se ha de secar al aire libre, con el fin no sólo de eliminar la humedad que tiene si no también la de extraer los componentes amargos denominados elagitaninos que de manera natural se encuentra en la madera y que podrían resultar perjudiciales para el futuro vino que contenga, la acción conjunta del sol y el agua de lluvia ayudan a extraer estos componentes no deseados.

Con la madera ya curada, se procede al corte de los largueros que conformaran la barrica (las duelas) y a continuación se procede a su domado, mediante a la acción del agua y calor se reblandece la madera con la intención de poder doblarla y darle la forma apropiada a la barrica, por medio de la tensión ejercida por la contracción uniforme de las duelas. Su forma final asegura un recipiente estanco sin la necesidad de utilizar ningún tipo de elemento sellante.

Tras lograr la forma definitiva de la barrica, queda la esencial fase del tostado de la madera. La cara interna de la barrica se somete a una determinada temperatura durante un tiempo concreto. Las reacciones que se desarrollarán durante el tostado en el interior de la barrica generarán diferentes componentes aromáticos que posteriormente se transmitirán al vino.

Foto l Glauco En Directo al Paladar l Tinto roble En Directo al Paladar l Esterilizar barricas de vino con ozono

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