Este ingrediente que está en todas las cocinas, útil para frenar los mosquitos y no es por su aroma, según un nuevo estudio

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Joana Costa

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El ajo lleva siglos funcionando como solución doméstica para casi todo. Hay quien lo utiliza para cocinar, quien lo mete en caldos y quien todavía cree que sirve para espantar criaturas sobrenaturales. Ahora la ciencia acaba de añadir otra posibilidad bastante más realista: dificultar la reproducción de mosquitos y otros insectos voladores.

Un estudio de la Universidad de Yale publicado en la revista científica Cell ha descubierto que ciertos compuestos presentes en el ajo bloquean el apareamiento y la puesta de huevos en distintas especies de moscas y mosquitos. Entre ellas, algunas relacionadas con enfermedades como el dengue, la fiebre amarilla o el virus Zika.

Según esta investigación, el problema para los insectos no parece estar en el olor, como podría imaginar cualquiera después de una comida especialmente intensa de alioli. Según los investigadores, el rechazo aparece realmente a través del gusto. Es decir, los insectos detectan determinados compuestos químicos del ajo mediante receptores presentes en sus órganos gustativos y reaccionan evitando reproducirse.

La investigación comenzó de una manera bastante menos sofisticada de lo que suena un estudio publicado en Cell. Según explicó el profesor John Carlson, una investigadora del laboratorio compró 43 frutas y verduras distintas en el supermercado para comprobar si alguna aumentaba el comportamiento reproductivo de las moscas de la fruta. Lo que encontraron fue exactamente lo contrario: el ajo eliminaba por completo el apareamiento.

Inhibición del apareamiento

Los científicos identificaron después el compuesto responsable: el disulfuro de dialilo, una sustancia presente de forma natural en el ajo y utilizada también en algunos aromatizantes y suplementos alimenticios. En las pruebas de laboratorio, este compuesto provocó una inhibición total del apareamiento y de la puesta de huevos en varias especies analizadas.

El estudio detectó además el mecanismo biológico implicado. Un receptor llamado TrpA1, presente en órganos gustativos de estos insectos, reconoce el compuesto del ajo y activa respuestas de rechazo. Curiosamente, especies que no poseen ese receptor, como algunas avispas estudiadas por el equipo, no reaccionaron igual al ajo.

Aunque algunos productos de jardinería ya utilizan extractos vegetales como repelentes naturales, los investigadores creen que el hallazgo es importante porque ayuda a entender exactamente por qué funcionan ciertas sustancias y cómo localizar otras similares de manera más sencilla y barata.

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La investigación plantea además una posible vía hacia métodos de control de plagas menos agresivos ambientalmente. En lugar de depender exclusivamente de pesticidas químicos, podrían desarrollarse soluciones basadas en compuestos vegetales naturales capaces de alterar comportamientos reproductivos de insectos dañinos.

Pista interesante

Eso sí, conviene bajar un poco el entusiasmo antes de llenar la terraza de dientes de ajo. El estudio se realizó en condiciones controladas de laboratorio y no demuestra que poner ajos junto a una ventana vaya a eliminar mosquitos domésticos de forma inmediata. Lo que sí aporta es una pista interesante sobre cómo determinadas plantas producen sustancias capaces de influir en el comportamiento de insectos.

La parte más divertida de toda esta historia es que Bram Stoker quizá no iba tan desencaminado en 1897 cuando escribió Drácula. Solo que, en lugar de espantar vampiros, parece que el ajo tenía más posibilidades reales contra otros seres igual de insistentes en verano: los mosquitos que aparecen exactamente cinco minutos después de apagar la luz.

Foto | En Pexels: Ignacio Vazquez y Nasty  Fotografia.

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