El verano es la época predilecta para que los tomates llenen nuestras cestas, compras y huertos, pero puede que, si tienes a bien ser agricultor doméstico, acabas viendo cómo se agrietan y rajan a marchas forzadas.
Al tomate, como todos sabemos, le encanta el calor para que sea jugoso y esté lleno de azúcar, pero también necesita agua para coger volumen. En este delicado equilibrio, el tomate, si nos pasamos de frenada –o los elementos no ayudan–, aparecen las grietas.
Evidentemente, no significan que el tomate sea malo o de peor calidad, pero sí que ha podido sufrir durante su crecimiento. Desechar tomates porque presenten una grieta en su carne es un error de bulto, más aún si sabemos todo el cariño que hemos puesto a su cultivo.
No obstante, lo que más nos conviene para no repetir errores es comprender por qué le salen grietas a los tomates y cómo evitarlo. Además, insistimos en una realidad: no todas son iguales.
La forma en la que salen nos va a desvelar la razón de su aparición. Pueden ser en espiral, cerca del pedúnculo; pueden ser verticales, partiendo del tallo hacia el fruto o, directamente, salen verticalmente.
Grietas alrededor del tallo
Dependiendo de la variedad de tomate y de la zona donde los cultivos será la más frecuente. En un país como España, con veranos bastante secos –en general, y más aún en las zonas de producción de tomate– este tipo de grietas o rajas van a ser las más habituales.
Esto pasa simplemente porque el suelo pasa en poco tiempo de estar seco a estar muy húmedo. Las causas pueden ser una lluvia intensa y extemporánea, como una tormenta, que llene nuestras matas de agua sin que haya remisión. O que, después de días de mucho calor, hayamos querido compensar a la planta con un riego abundante para que no se eche a perder.
Grietas desde el tallo hasta el fruto
Es fácil comprender al tomate como si fuera nuestra propia piel. Si piensas en las estrías que los humanos desarrollamos cuando ganamos rápidamente peso, comprenderás que a los tomates, en cierto modo, les va a pasar lo mismo.
Cuando veas grietas profundas que van desde el tallo hasta el fruto, sencillamente le ha pasado lo mismo: ha absorbido mucha agua en poco tiempo. En este caso, lo que pasa es que la pulpa crece muy rápido y la piel no va al mismo compás, estirándose más despacio, y acaba generando estas rajas.
Grietas laterales
Este tipo de grietas, también muy recurrentes, se parecen a las anteriores y tiene que ver con cómo está creciendo de rápido el tomate. La ecuación para que el tomate se hinche es agua, buen suelo y altas temperaturas. Si se dan los tres factores al mismo tiempo, lo más probable es que este tipo de roturas aparezcan.
De nuevo, insistimos, no es algo perjudicial ni necesariamente malo; es la propia fisiología del tomate, donde la piel no se expande al mismo tiempo que la pulpa, que crece más generosamente, y acaba dando de sí a la cobertura exterior.
Imágenes | Czapp Árpád / Budget Bizar /