El error que muchos cometen al cambiar la bolsa de la basura y que favorece los malos olores y la aparición de gusanos

Vaciar el cubo no siempre es suficiente. La humedad y los restos orgánicos que quedan en el interior pueden convertirse en el lugar perfecto para la proliferación de insectos

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Joana Costa

Editor

Con la llegada del calor, el cubo de la basura se convierte en uno de los puntos más delicados de la cocina. Las altas temperaturas aceleran la descomposición de los restos orgánicos y bastan unas gotas de líquido acumuladas en el fondo para que aparezcan malos olores, moscas e incluso larvas en pocos días.

Uno de los errores más frecuentes consiste en limitarse a sacar la bolsa y colocar una nueva sin limpiar el recipiente. Aunque parezca suficiente, los pequeños restos de alimentos o los líquidos que se escapan de los envases siguen fermentando y crean un ambiente perfecto para la proliferación de insectos.

Eliminar la humedad

No obstante, aprovechar cada cambio de bolsa para revisar el estado del cubo. Si hay restos de suciedad, lo ideal es aclararlo con agua caliente, limpiarlo con jabón o detergente y secarlo completamente antes de colocar una bolsa nueva. Eliminar la humedad es tan importante como retirar los residuos.

Durante el verano conviene extremar las precauciones. Los restos de carne, pescado, frutas, verduras o salsas comienzan a descomponerse con rapidez, por lo que no siempre es recomendable esperar a que la bolsa esté completamente llena. Sacar la basura antes de que estos residuos fermenten ayuda a evitar los malos olores y reduce la presencia de moscas.

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Si el cubo presenta suciedad incrustada o desprende olor incluso después de vaciarlo, el vinagre blanco puede ser un buen aliado. Aplicado sobre la tapa, el fondo o las zonas donde se acumula la grasa y dejado actuar unos minutos, facilita la limpieza posterior. También puede utilizarse bicarbonato de sodio en el fondo del cubo para ayudar a absorber los olores entre un lavado y otro.

Tapa y mecanismo de apertura

Otro aspecto que suele pasarse por alto es la tapa y el mecanismo de apertura. Bisagras, asas, pedales y juntas acumulan suciedad con el uso diario y conviene limpiarlos periódicamente para evitar la aparición de bacterias y malos olores.

Además de mantener limpio el recipiente, es recomendable utilizar bolsas resistentes para reducir el riesgo de fugas y cerrar siempre bien la tapa. Si algún líquido cae al suelo al sacar la basura, lo mejor es limpiarlo inmediatamente, ya que estos restos también atraen insectos.

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Eso sí, los productos de limpieza deben utilizarse con precaución. Nunca debe mezclarse lejía con vinagre, o este con bicarbonato, ya que esta combinación puede generar gases tóxicos. Si se emplean ambos productos, siempre deben utilizarse por separado y aclarando bien el cubo entre un tratamiento y otro.

Incorporar esta rutina apenas lleva unos minutos y puede marcar la diferencia durante los meses más calurosos. Limpiar el cubo cada vez que se cambia la bolsa ayuda a mantener la cocina libre de malos olores y evita que un pequeño descuido termine convirtiéndose en un foco de insectos.

Foto | En Pexels: ChatGPT y Shvets

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