El sofá es uno de los muebles que más se ensucia sin que nos demos cuenta: polvo, pelos, restos de comida o manchas de uso diario. Después de las fiestas, revisarlo y limpiarlo a fondo ayuda a recuperar sensación de orden y frescura en casa.
La limpieza del sofá depende del material en cada uno de los casos, pero hay pasos comunes que funcionan para la mayoría de tejidos y propuestas de los salones.
Sin lugar a dudas, el primer paso es aspirar bien. Esto incluye rincones, pliegues y la unión entre asientos. Un aspirado lento elimina polvo acumulado y mejora la eficacia del resto de pasos.
Lavado de fundas
Si las fundas del sofá son desenfundables, conviene lavarlas según las indicaciones. Muchas se pueden lavar en frío y con detergente suave. Si no se pueden sacar, se debe usar espuma específica para tapicerías.
Sea como sea, el método más seguro en cualquier caso consiste en usar un paño humedecido ligeramente con agua tibia y una pequeña cantidad de jabón neutro. Es importante frotar con movimientos suaves para no extender las manchas.
Cuidado con mojar demasiado el sofá
El secado también es clave. En este caso, un error común es mojar demasiado el sofá, lo que deja halos. Lo ideal es una limpieza localizada y dejar que la superficie se seque al aire.
De hecho, un aspecto que a menudo se pasa por alto es el secado. Tras cualquier limpieza, es fundamental ventilar bien la estancia y permitir que el sofá se seque por completo antes de volver a usarlo.
La humedad retenida en los tejidos puede generar malos olores, favorecer la aparición de ácaros e incluso dejar cercos visibles si el aire no circula adecuadamente. Abrir ventanas durante unos minutos o crear una ligera corriente ayuda a que el secado sea uniforme.
También conviene evitar cubrir el sofá o apoyarse sobre él mientras aún está húmedo, aunque al tacto parezca seco. En invierno, cuando la ventilación suele reducirse, este paso cobra todavía más importancia. Dejar que el tejido respire y se seque sin prisas es clave para que la limpieza resulte efectiva y duradera, y para que el sofá conserve su aspecto y comodidad durante más tiempo.
Atención los sofás de piel
Para sofás de piel, basta un paño húmedo y un producto específico para evitar que se resequen. En cambio, los sofás de microfibra agradecen un cepillo suave después del secado para recuperar textura.
Con un mantenimiento periódico, el sofá mantiene su aspecto y prolonga su vida útil durante años. En el caso de manchas específicas hay productos de tapicería de venta en supermercados que funcionan de maravilla con pocas pasadas.
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