Los rieles de las ventanas son uno de los puntos más olvidados de la casa. Acumulan polvo, grasa y restos que no se ven a simple vista, pero que dificultan el cierre y favorecen malos olores y humedad.
El vinagre blanco es especialmente útil en esta zona porque actúa como desengrasante suave y desincrustante natural. Disuelve la suciedad adherida sin dañar el aluminio, el PVC ni los acabados lacados.
Aflojar la suciedad
Aplicarlo es sencillo: basta con pulverizar una mezcla de vinagre y agua caliente sobre el riel y dejar actuar unos minutos. El ácido acético afloja la suciedad incrustada y facilita su retirada con un cepillo o un paño.
Además de limpiar, el vinagre ayuda a eliminar restos de cal y óxido ligero, algo habitual en ventanas expuestas a la lluvia o la condensación. Esto alarga la vida útil del mecanismo.
Adiós al moho
Otro beneficio poco conocido es que reduce la aparición de moho. Al actuar en el pH de la superficie, dificulta que los hongos vuelvan a aparecer, especialmente en zonas húmedas.
Secado correcto y lubricación
Tras la limpieza, es recomendable secar bien el riel y aplicar una gota de lubricante específico o jabón neutro para mejorar el deslizamiento de la hoja.
Una de las ventajas es que este método, no deja residuos pegajosos ni capas brillantes artificiales, algo habitual en limpiadores comerciales. El resultado es más discreto y duradero.
Usado de forma periódica, esta sencilla rutina de limpieza evita obstrucciones y hace que abrir una ventana deje de ser una pequeña lucha cotidiana y siempre sea un gesto fluido en nuestras vidas.
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