El pepito de ternera es uno de esos bocadillos icónicos de la cocina española. Sencillo donde los haya, el único misterio es contar con un buen filete y, evidentemente, tener un pan a la altura que lo sepa aguantar.
Sin embargo, si nos vamos a Hispanoamérica, vamos a encontrar una suerte evolutiva del pepito de ternera al que resulta difícil resistirse: el sándwich Barros Luco, icono de la cocina chilena y, seguramente, su bocadillo más popular.
No mentimos si decimos que todo –o casi, si nos referimos a la cocina– es mucho mejor con un poco de queso. Precisamente lo que sucede con este sándwich que se resuelve con un poco de pan, con una buena cantidad de una carne de calidad y con un queso que funda bien.
Puedes elegir el que quieras, claro, pero es fundamental que derrita en condiciones sin que montes una fondue en casa. Tampoco –en teoría– debería ser un queso muy bravo.
Puedes conformarte con un edam o con un havarti; o con los clásicos quesos en lonchas que se venden en muchos supermercados. Lo interesante es que funda en condiciones.
Ciencia no tiene el sándwich Barros Luco –que apenas gobernó Chile cinco años, entre 1910 y 1915–. Sazonas los filetes en cuestión y los cocinas en una plancha que esté bien caliente; cuando están listos, colocas lonchas de queso entre ellos y los colocas en pan, ligeramente tostado, y a gozar sin complicaciones.
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