Sé que las coles de Bruselas despiertan opiniones encontradas y no admiten términos medios: o las odias o las amas. Esta versión al ajillo es la prueba definitiva de lo increíbles que pueden llegar a ser. Con el doradito justo y todo el aroma del ajo impregnando cada pieza, son deliciosos.
Lo mejor de esta receta es lo fácil que se integra en cualquier menú, ya que sirven como acompañamiento ideal tanto para platos principales de carnes y pescados como para bases de cereales y legumbres.
Lavar y retirar las hojas exteriores dañadas de las coles de Bruselas, retirar el extremo del tallo y cortar por la mitad. Pelar y picar o rallar finamente los dientes de ajo.
En una sartén, calentar el aceite de oliva a fuego medio y añadir el ajo para aromatizar el aceite sin que llegue a dorarse en exceso.
Agregar las coles de Bruselas cortadas por la mitad, distribuyéndolas uniformemente sobre la superficie con el lado plano hacia abajo para que tomen contacto directo con el calor. Salpimentar al gusto.
Cocinar a fuego medio durante unos minutos hasta que la base esté bien dorada. Verter el vino blanco, dejar que el alcohol se evapore y continuar la cocción removiendo de vez en cuando hasta que estén tiernas por dentro y ligeramente tostadas por fuera.
Con qué acompañar los coles de Bruselas
Las coles de Bruselas en este estado son una gran guarnición para carnes a la plancha o pechugas de pollo al vapor para equilibrar la intensidad del ajo. Asimismo, se pueden acompañar con una base de arroz salvaje o quinoa con frutos secos, una combinación ideal para absorber el aceite aromatizado y aportar una textura crujiente.
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