Dedicaba Gustavo Adolfo Bécquer una de sus leyendas posrománticas a una misteriosa corza blanca que guiaba a sus congéneres en el Moncayo de Aragón. Una leyenda que hace siete años cobró vida en tierras de Soria, cuando comenzaron a difundirse en redes sociales y prensa local las imágenes un curioso ejemplar de este cérvido de pelaje blanco como la nieve.
Fue en el verano de 2019 cuando este corzo fue avistado por primera alimentándose junto a su madre y a otra cría, su hermano, de color corriente pardo, en los montes sorianos. No era sin embargo un ejemplar albino estricto, sino aquejado de leucismo, una alteración genética recesiva que inhibe la pigmentación en el pelo. Su creciente popularidad en redes, con muchos usuarios compartiendo imágenes y comentarios de su avistamiento, llevaron a muchos naturistas a seguir sus pasos y fotografiarlo mientras se transformaba en un animal adulto.
Bautizado cariñosamente como 'Bécquer' o 'El Blanco', el ejemplar de Capreolus capreolus pudo crecer en libertad vigilada gracias a una especie de pacto entre los miembros del coto local y los cazadores de los pueblos limítrofes en el que acordaban la prohibición de no dispararle. Además, se impuso una regla de silencio vecinal para no desvelar las coordenadas exactas de sus encames ni de sus zonas de querencia, esquivando el furtivismo, ya que por un ejemplar de estas características pueden ofrecerse sumas de hasta 20.000 euros.
Así, durante más de seis años fue monitorizado y fotografiado a distancia por naturalistas locales, destacando el trabajo del proyecto de divulgación Moncayolife, convirtiéndose en un emblema local y de la fauna ibérica. Tras siete años de vida en libertad, el cérvido falleció en el verano de 2026 por causas naturales a consecuencia de una enfermedad.
Sin embargo, Bécquer todavía guardaba una pequeña sorpresa. Recientemente la directiva del coto y vecinos de la comarca han confirmado, gracias a varios avistamientos, que el animal llegó a transmitir su carga genética, pues se ha constatado el nacimiento de una nueva cría blanca en la misma zona. De nuevo, se mantiene en secreto la zona exacta en la que se ha localizado al animal.
El leucismo es una particularidad genética debida a un gen recesivo que provoca la pérdida parcial o total de pigmentación en el pelaje, las plumas, las escamas o la piel del animal, manteniendo inalterado el color habitual de los ojos. A diferencia de otros trastornos pigmentarios, el leucismo no se debe a la incapacidad de fabricar melanina, sino a un fallo en la migración celular, y no produce problemas de visión, algo que sí genera el albinismo. Además, el tono blanco puede no afectar por completo a todo el pelaje, mostrando a menudo algunos animales motas o manchas de color.
El rasgo suele transmitirse de forma autosómica recesiva. Para que un corzo u otro mamífero exprese fenotípicamente el leucismo, necesita heredar el alelo mutado tanto de la madre como del padre.
Imágenes | IG/Moncayo Life - Flickr/Tambako
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