Nunca deja de ser irónico que el Oktoberfest, fiesta por antonomasia de la cerveza en Múnich, tenga bastante más que ver con septiembre que con octubre. Convertida en una cita fundamental en la reentré bávara, el Oktoberfest reúne desde el primer sábado después del 15 de septiembre –cuando se inicia la fiesta– a cerca de siete millones de visitantes cada año.
Con un calendario muy bien delimitado a costa de la apertura del primer barril –un privilegio del alcalde muniqués– en ese citado sábado, la fiesta, que hoy es básicamente comer y beber, tiene un origen aristocrático basado en la celebración de boda del rey Luis I de Baviera con la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen allá por el año 181o.
Hoy, sin embargo, ni hay carrera de caballos –como sí hubo en aquel primer Oktoberfest– y no se rinde especial pleitesía a ningún monarca. Beber sí, mucho; comer, también, a dos carrillos, las especialidades de la fiesta como el pollo asado (hendl), el codillo con chucrut y las siempre puntuales salchichas, siendo las más frecuentes las salchichas blancas (literalmente weisswurst), corriendo a su vez litros y litros de cervezas locales, generalmente de trigo.
Imagen panorámica del Oktoberfest en la Theresienwiese o 'pradera de Teresa', en Múnich.
Pero, si vas, es posible que te escandalices entre trajes típicos, gente ebria y camareras capaces de llevar 20 jarras de litro sin apenas esfuerzo. La razón: decenas de personas esnifando en público un sospechoso polvo blanco y pasándolo a sus amigos ya desde primera hora del día.
Podrías pensar, como era de esperar, que aquello que se está esnifando a la vista de todo el mundo sin ningún tipo de pudor sería cocaína. Quizá la opción más lógica, dentro de lo ilógico de la situación. Pero no lo es.
Tampoco es tabaco, aunque su origen sí está vinculado a los tiempos en los que se consumía el tabaco rapé, inhalando por la nariz. Y, de hecho, ni siquiera se considera una droga.
No es cocaína ni tabaco, pero tampoco es sano
Conocido popularmente como Wiesn Koks es decir, coca de la pradera (por tomarse en la Theresenwiese, la pradera de Teresa), la realidad es que es un polvo blanco que emula al rapé bávaro, pero sin rastros de tabaco ni otras sustancias, compuesto principalmente de lactosa, dextrosa y mentol. Al consumirse, los que lo prueban aseguran tener una sensación dulce, además de un efecto refrescante y descongestionante.
Wiesn Koks y una cerveza en el Oktoberfest. ©Nick Watts.
El más conocido es el Schneeberg, elaborado desde el año 1923 por la marca Pöschl Tabak, cuya fórmula está tan bien custodiada como la de la Coca-Cola y es que esta 'cocaína del Oktoberfest', como significa literalmente Wiesn Koks, lo consumen jóvenes y no tan jóvenes.
La supuesta gracia es que, al picar por su contenido en mentol, despeja las fosas nasales, aunque también es una suerte de rito de iniciación entre amigos y novatos. No obstante, a las autoridades alemanas y a los responsables del Oktoberfest, que los asistentes se pongan tibios de Wiesn Koks no es algo que les haga especial gracia porque, gestos aparte, resulta indistinguible de la cocaína a simple vista.
En cuanto a sus bondades, nada más lejos de cualquier realidad, pues no hay otorrinolaringólogo que avale ningún tipo de inhalación de polvos –sea lo que sea– vía nasal, por muy poca droga –o ninguna– que lleven.
Imágenes | Nick Watts / Manuel Joseph
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