Entre valles y montes, esta villa vizcaína sorprende con su historia medieval y con uno de los restaurantes más prometedores de Vizcaya

Fundada en el siglo XIX, Mungia ha sabido fundir su legado con la modernidad, sin perder ni un ápice de su esencia en el interior de la provincia

Villa Vizcaya Mungia
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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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En Vizcaya, los focos suelen encenderse sobre la costa. Getxo, Bermeo, Lekeitio o Mundaka —con sus olas, sus barcas y su aire salino— suelen ser los nombres que surgen cuando se piensa en escapadas por la provincia. Sin embargo, tierra adentro, lejos del vaivén de las mareas, el paisaje se transforma en un tapiz de verdes profundos, caminos silenciosos y caseríos que rezuman historia. 

Allí, entre montes suaves y valles recogidos, se descubren villas que, aunque menos conocidas, guardan con celo un patrimonio rico, un carácter auténtico y una forma de vivir que conecta con lo esencial. Mungia es una de ellas, un rincón donde el pasado medieval convive con el rumor del río Butrón y donde la cocina contemporánea ha encontrado un nuevo hogar desde el fuego.

Situada en la comarca de Uribe, Mungia se despliega en un valle abrazado por cumbres como el Sollube o el Jata. Aunque está a escasos kilómetros de Bilbao y no muy lejos del aeropuerto, el aire que se respira aquí es otro. Su origen se remonta al siglo XIV, cuando fue fundada como villa con fuero propio. 

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Qué hacer en Mungia (Vizcaya)

El corazón histórico de Mungia late en torno a la plaza Matxin. Allí se alzan algunos de los edificios más significativos del patrimonio local. El Ayuntamiento, construido en el primer tercio del siglo XX con la impronta neoclásica, en manos de Antonio de Araluce, fue incendiado durante la Guerra Civil en el año 1937, aunque la reconstrucción procuró ser fiel al original.

La Plaza Matxin De Mungia Presidida Por El Ayuntamiento C Uribe Turismoa La plaza Matxin de Mungia, presidida por el ayuntamiento. ©Uribe Turismoa.

Frente a él, los soportales permiten imaginar la actividad comercial de tiempos pasados, cuando los mercados al aire libre marcaban el ritmo del día. Muy cerca, las casas solariegas muestran balconadas de hierro forjado y escudos de armas en las fachadas que recuerdan el peso de las familias antiguas.

Uno de los rincones más evocadores del casco urbano es la Torre de Torrebillela, una construcción defensiva que remite a los tiempos convulsos de las luchas de banderías. Hoy, convertida en centro cultural, mantiene en su exterior la austeridad pétrea de las casas-torre vizcaínas, mientras en su interior acoge exposiciones, actos y talleres. 

Portico De La Iglesia De San Pedro En Mungia C Ayuntamiento De Mungia Pórtico de la iglesia de San Pedro, en Mungia. ©Ayuntamiento de Mungia.

Es, además, uno de los mejores lugares para comprender cómo se estructuraba la vida en la villa durante los siglos medievales. Las reformas han respetado la esencia del edificio, permitiendo una convivencia natural entre lo histórico y lo contemporáneo.

También destaca la iglesia de San Pedro Apóstol, que mezcla elementos góticos con añadidos renacentistas y barrocos. Su interior sorprende por la amplitud de la nave central y por la serenidad que transmite la piedra, con detalles que hablan de un culto sobrio pero arraigado. 

Iglesia De San Pedro Iglesia de San Pedro, en Mungia. ©Ayuntamiento de Mungia.

El campanario se alza como un faro sobre los tejados, visible desde muchos puntos del municipio. Al pasear por sus alrededores, el visitante se cruza con pequeñas ermitas, antiguos lavaderos, fuentes tradicionales y un urbanismo que, pese al paso de los años, sigue conservando la escala humana y el pulso cercano de las villas que no han querido olvidar de dónde vienen.

Más allá del centro, los barrios rurales como Atxuriaga, Trobika o Belako ofrecen una visión del mundo rural vizcaíno que aún late con fuerza: caseríos activos, huertas cuidadas, campanas que marcan el ritmo del día y senderos que invitan a perderse.

Fachada De La Antigua Ermita Andra Mari Cuyo Interior Ahora Sirve Como Plaza De Mercado Al Aire Libre C Ayuntamiento De Mungia Fachada de la antigua ermita Andra Mari, cuyo interior ahora sirve como plaza de mercado. ©Ayuntamiento de Mungia.

El entorno natural que rodea Mungia es un regalo para quienes buscan caminar sin prisas. Existen rutas que ascienden al monte Jata, desde donde se obtienen vistas que alcanzan hasta el mar en días claros, y caminos que se adentran en bosques mixtos donde el silencio solo se rompe por el crujido de las hojas o el canto de algún petirrojo. 

Las laderas suaves permiten caminatas accesibles, como la Vía Verde de Atxuri, ideales para descubrir en familia o para quienes quieren conectar con el entorno sin exigencias técnicas. También hay sendas que siguen el curso del río Butrón, uno de los más pintorescos de la provincia, especialmente en los tramos donde se esconden molinos antiguos y pequeños puentes de piedra.

Pero si algo ha colocado a Mungia recientemente en el mapa de quienes buscan experiencias distintas, es la irrupción de Bakea, el restaurante del chef Alatz Bilbao. En apenas unos años, este espacio se ha convertido en una de las referencias más fascinantes de la nueva cocina vizcaína. Aquí no se cocina con gas ni con electricidad: todo se hace a fuego directo, con hierro, con madera. 

El Chef Alatz Bilbao C Bakea El chef Alatz Bilbao, de Bakea.

Cada plato nace del contacto entre la materia prima local y el calor primigenio, y todo —desde los cuchillos hasta los platos— está diseñado y elaborado por el propio chef. La experiencia no es solo gustativa; es una inmersión total en una forma de entender la cocina como expresión artística y como acto de resistencia. Un restaurante que, más que un lugar para comer, es un viaje a través de la tierra, el tiempo y el fuego.

La Cocina De Bakea Pasa Siempre Por El Fuego Como Una Propuesta De Retorno A Los Origenes La cocina de Bakea pasa siempre por el fuego como una propuesta de retorno a los orígenes.

La mejor época para descubrir Mungia es entre finales de primavera y comienzos del otoño, cuando los días se alargan y el clima acompaña las rutas al aire libre. En verano, la villa vibra con más actividad, pero sin perder esa calma que la caracteriza. 

El Equipo De Bakea El equipo de Bakea.

Durante el invierno, las lluvias son frecuentes, aunque el paisaje gana en dramatismo, con nubes bajas acariciando los montes y los colores del campo intensificados por la humedad. Para quienes quieran probar Bakea, conviene planificar con tiempo: sus plazas son limitadas y la demanda, creciente.

Imágenes | Bakea / Euskadi Turismoa / Mungia Turismoa / Uribe Turismoa

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