
Todavía tenemos por delante varias semanas de invierno con días y noches de mucho frío. Para combatir las bajas temperaturas no hay nada mejor que alimentarse con reconfortantes platos de cuchara, y por eso en mi casa siempre han triunfado las cremas de verduras, especialmente para las cenas. Mi favorita: la crema de calabaza.
Esta receta es muy sencilla, lo que la hace especial es asar previamente la verdura en lugar de cocerla directamente, para conseguir así acentuar los aromas y el sabor final.
Precalentar el horno a 200ºC. Pelar la calabaza, desechando los extremos y quitando las semillas y los posibles filamentos del interior; trocear en cubos. Pelar y partir por la mitad las chalotas; pelar los dientes de ajo y el jengibre. Repartir las verduras sobre una bandeja de horno, mezclar con el aceite de oliva y condimentar con la sal y las especias. Asar durante unos 30 minutos, hasta que la calabaza esté tierna. Mientras tanto, calentar el caldo.
Triturar todas las verduras con ayuda de una batidora o un procesaror de alimentos. Incorporar al caldo, mezclando bien, y cocinar unos 20 minutos. Triturar todo junto hasta conseguir una textura suave, ajustando la cantidad de líquido si quedara muy espesa.

Tiempo de elaboración | 50 minutos
Dificultad| Fácil
Esta crema de calabaza se puede servir con un poco de queso rallado o cremoso, un chorrito de nata o unas cucharadas de yogur. Personalmente me gusta añadir un puñado de semillas de calabaza tostadas, como si fueran picatostes.
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