Sartenes cerámicas, sartenes adherentes

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Sartenes cerámicas adherentes - 1

Me vais a perdonar estas imágenes poco sugerentes en medio de nuestro habitual carrusel de delicias culinarias, pero es que estoy que trino con las sartenes cerámicas adherentes. Sí, habéis leído bien, adherentes, porque desde el primer día la comida se pega a ellas como si le fuera la vida en ello.

He de confesar que me lo tengo merecido, porque ya me había avisado mi padre de que la que había probado él también le había salido rana, pero mi sartén habitual había perdido parte del Teflón y se me pegaba una lado de la tortilla de patatas al intentar darle la vuelta, así que tenía que comprarme una sartén urgentemente.

Sartenes cerámicas adherentes - 2

Para poneros en antecedentes, debo matizar estaba yo un poco quemado —bueno, la que se quemaba era mi comida— con mis anteriores sartenes antiadherentes. No me habían salido especialmente baratas —eran de la marca Magefesa, para que ocultarlo— y en menos de medio año ya me encontraba viéndomelas y deseándomelas para voltear una tortilla o hacer un filete a la plancha sin que se quedara la mitad pegado.

Como se puede ver en las imágenes, se estaban “pelando”, e incluso en algunas piezas del set había empezado a pasarme una cosa extrañísima que no había visto nunca, y es que las sartenes y la plancha se alabeaban, es decir, que se retorcían de una manera tal que cojeaban y se balanceaban más que una mesa en una terraza de verano, con lo bueno que es que el aceite se acumule todo en una esquina.

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Pero bueno, que me voy por las ramas. La cuestión es que tenía que comprarme al menos una sartén. Estaba yo decidido a investigar bien y gastarme una cantidad respetable de dinero, pero paseando por un hipermercado, en el frontal de uno de los lineales, había anunciadas unas sartenes antiadherentes con revestimiento cerámico.

Diría que estaban de oferta, pero 12,95 euros por una sartén de 26 centímetros de diámetro no es precisamente una ganga, ya que las hay mucho más baratas (y también más caras, claro). Además, pesaba bastante, la base estaba recubierta de aluminio y los carteles cantaban bondades de ellas, así que pensé que estaba comprando un producto de calidad medianamente aceptable, no una sartén que bien podrían utilizar para anunciar Super Glue.

En fin, no adelantemos acontecimientos, que por aquel entonces estaba yo muy contento con mi nueva y flamante sartén Monix. No veía el momento de llegar a casa y probar a hacer una tortilla de patatas, porque con las últimas las había pasado canutas para que acabaran enteras en el plato, y estaba empezando a afectarme a la autoestima.

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Cuál sería mi sorpresa al ir a darle la vuelta a la tortilla por primera vez y comprobar horrorizado que ¡se había quedado pegada! Un poco nada más, es verdad,¡pero es que era una sartén nueva a estrenar! ¿Cómo podía ser cierto lo que veían mis ojos? ¿Se cumplirían los vaticinios agoreros de mi padre? Me temo que sí.

Así que ahí estaba yo, con una mosca detrás de la oreja tras ese primer intento desalentador, confiando en que hubiera sido algo del primer uso —y eso que la preparé según las instrucciones—, rezando porque se hubieran alineado los planetas en su contra en esa ocasión, que hubiera sido fuera de juego o algo. Lo que fuera menos tener que tirarla a la basura, que es donde descansa ahora tras haberla usado cuatro o cinco veces en una semana.

Y es que tras el experimento con la tortilla, al día siguiente decidí hacer unos filetes de ternera a la plancha —aunque siempre echo un chorrito de aceite— No se pegaron del todo porque estuve todo el rato con la espátula evitándolo, pero enseguida se formó un quemado que luego me costó un buen rato de remojo y estropajo de los suaves para quitarlo (es el quemado que veis en la primera imagen de todas). Y eso que con la inducción nunca pongo el fuego al máximo precisamente para evitar eso.

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Tras conseguir librarme de todo ese quemado pegado, descubrí con horror que la sartén ya había perdido una parte de su protección cerámica que debía hacerla antiadherente, y eso que las espátulas que uso son siempre de plástico o de madera, que no les acerco un tenedor ni aunque mi vida dependa de ello y que las limpio siempre con más cuidado que a mi propia piel.

En definitiva, que mi incursión en las sartenes cerámicas ha sido todo un fiasco, porque anoche hice una última prueba salteando unas tiras de pollo y la cosa acabo en tragedia también. Puede ser que las haya muy buenas, o que solo sirvan para fuegos bajos —¿que clase de sartén es esa?— pero desde luego estas de la marca Monix han dado un resultado peor imposible.

Ni en la sartén más barata que he probado en mi vida se pegaban tanto las cosas, por lo que no me queda más que reafirmarme: sartenes cerámicas, sartenes adherentes. Creo que acabaré volviendo al acero de toda la vida.

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