Albuquerque, en el estado de Nuevo México, en el sur de Estados Unidos se vistió de luto y sangre el pasado 27 de agosto. El motivo, una pelea entre primos que empezó de la manera más absurda y trivial y acabó convirtiéndose en un asesinato a sangre fría por una enorme tontería: el picante de unas enchiladas.
Todo comenzó cuando Ervin Joaquín Gutiérrez, de 22 años, y Nathaniel Cavazos, su primo, compartieron mesa ese mismo jueves, bebiendo y preparando enchiladas verdes, junto a otro familiar que no ha acabado en la refriega.
La discusión sobre quién había hecho las enchiladas más picantes, recurriendo a un chile más intenso, fue escalando así hasta que devino en tragedia. Gutiérrez, el menor de los primos, insistía fervientemente que sus enchiladas eran más picantes que las que había preparado su primo… hasta que empezaron los puñetazos, según NBC News.
Cavazos golpeó, según testigos presenciales citados por la Policía de Albuquerque, en repetidas ocasiones hasta hacerle sangrar y dejarlo tirado en el suelo.
Tras el combate, Cavazos se marchó, momento en que, según el testimonio de los presentes, Gutiérrez desenfundó una pistola automática y disparó tres o cuatro veces a su primo, a apenas tres metros de distancia, que estaba desarmando y alejándose, alcanzándole fatalmente en la espalda.
Cuando la policía llegó, Cavazos estaba tendido en el suelo gravemente herido por, según las fuentes policiales, por uno de los disparos. Intentando refugiarse en una supuesta amenaza por su vida, Gutiérrez habría escrito un mensaje en Snapchat alegando que su primo había pretendido matarle, llegando a temer por su vida, considerando que su actuación –pegándole varios tiros por la espalda– había sido en defensa propia.
Ahora, Gutiérrez se enfrenta a un cargo de asesinato en primer grado, a la espera de juicio, mientras Albuquerque sigue consternada por un crimen familiar que empezó de una de las formas más tontas posibles.
Imágenes | Albuquerque Police Department / Blue Arauz