Durante años, la decoración ha vivido en una especie de bucle bastante acusado. Sofás curvos, espacios neutros y casas que parecían sacadas de un catálogo perfectamente ordenado. Todo muy bonito, pero también bastante previsible.
El problema de las tendencias es que, cuando se popularizan demasiado, pierden parte de su gracia. Lo que antes parecía sofisticado acaba resultando repetitivo y mainstream. Y ahí es donde los interioristas empiezan a mirar hacia otro lado, buscando nuevas formas de romper esa uniformidad.
En 2026, ese cambio ya se empieza a notar. Según coinciden distintos diseñadores y estudios de interiorismo, hay una serie de tendencias que, sin desaparecer del todo, están perdiendo fuerza frente a propuestas más personales y menos rígidas.
Exceso de curvas y de minimalismo
Una de las más evidentes es el exceso de formas curvas. Sofás redondeados, mesas orgánicas, espejos sin esquinas. Durante un tiempo dominaron el panorama, pero ahora empiezan a verse como un recurso demasiado explotado. Vuelven, poco a poco, las líneas más definidas.
Algo parecido ocurre con el minimalismo extremo. Ese estilo de espacios casi vacíos, con paletas neutras y decoración reducida al mínimo, empieza a dar paso a interiores más cálidos y vividos. Casas que parecen habitadas, no escenografías de revista.
También se está dejando atrás la obsesión por el blanco absoluto. Aunque sigue siendo un básico, pierde protagonismo frente a tonos más complejos: beiges con matices, verdes suaves o incluso colores más intensos que aportan carácter sin saturar el espacio.
Otra tendencia en retirada es la uniformidad de materiales. Durante años, se buscaba coherencia total: misma madera, mismos acabados, misma gama cromática. Ahora, en cambio, se valora más la mezcla, el contraste y cierta imperfección controlada.
Muebles con presencia
En cuanto a los muebles, el auge de piezas demasiado ligeras o visualmente invisibles también empieza a cuestionarse. Vuelven los volúmenes más sólidos, los muebles con presencia, capaces de definir un espacio por sí mismos.
Tampoco se salva la decoración excesivamente de tendencia. Esos objetos que aparecen en todas partes, jarrones concretos, lámparas virales, pierden atractivo frente a piezas más personales, con una historia particular o al menos con algo que contar.
El cambio no es radical ni inmediato, pero sí perceptible. Más que abandonar estilos, lo que se está viendo es una transición hacia interiores menos normativos. Espacios donde no todo responde a una moda concreta, sino a una forma más libre de habitar la casa.
Foto | Pexels/Furknsaglam, alleksana y Foto de Mikhail Nilov
En DAP| Evita con este truco que las toallas huelan a cerrado en invierno