Pocos aforismos o refranes del castellano pueden ser tan precisos como ese de “cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar”, algo que ahora mismo cobra más vigencia que nunca en el mundo del vino. Ante la caída sistemática del consumo a escala mundial, son varias las zonas productoras que se están planteando, o ya han planteado, corregir la falta de demanda de la forma aparentemente más sencilla que conocemos en términos económicos: reducir la oferta.
Ya se ha hecho en Francia, donde se está subvencionando a viticultores para que arranquen viñedo en determinadas zonas que están produciendo más de la cuenta o, mejor dicho, elaborando un vino que no acaba encontrando mercado ni consumo.
Ahora ha sido en España la Denominación de Origen Calificada Rioja, la más potente en términos de facturación y volumen de ventas tanto a nivel nacional como internacional, la que ha abierto por primera vez la puerta a la posibilidad de subvencionar arranques de viñedo.
No solo eso. Por cuarto año consecutivo, la DOCa Rioja permitirá la cosecha en verde a sus viticultores. Este concepto, que puede sonar extraño para quien no esté vinculado al mundo del vino, es sencillo: se trata de evitar, mediante el corte de racimos durante la primavera, que se produzca más uva de la que luego irá al mercado, con el consiguiente riesgo de bajar los precios del vino o de que esa producción ni siquiera llegue a comercializarse.
Sin embargo, hay una letra pequeña interesante dentro del pliego que el propio Consejo Regulador de Rioja ha puesto en marcha. Se abre por primera vez la posibilidad de que agricultores y viticultores firmen un compromiso de arranque de viñas, por el cual podrían recibir subvenciones.
La idea, como sucede en parte de Francia y como también se comenta en Italia, pasa simplemente por lograr una reducción de la oferta que permita consolidar la demanda, confiando así en que el principal problema del vino actualmente pueda sortearse mediante esta reducción de producciones.
No obstante, hay un matiz importante. A pesar de que el llamado paquete del vino que publicó la Unión Europea hace unos meses —y del que ya te hablamos— contempla esta posibilidad, en España existe de momento un impedimento nacional por parte del Ministerio de Agricultura.
Hasta la fecha, la cartera que dirige el socialista Luis Planas no ha dado vía libre a que en España se pueda subvencionar el arranque de viñedo, pese a que Bruselas sí lo contempla. Por eso, en el caso riojano, si hay viticultores que se inscriben y adquieren ese compromiso de arranque, tendrán que esperar a que el Gobierno apruebe una medida a la que, hasta ahora, se ha negado rotundamente.
Quejas y poco dinero
Las quejas de los viticultores también apuntan a que este año la cantidad que el Ministerio ha destinado para la cosecha en verde es menor que en años anteriores. De hecho, son solo 15,9 millones de euros, frente a los 19,2 millones de 2025, teniendo en cuenta además que no solo La Rioja accede a esta bolsa de dinero porque en el saco también entran País Vasco, Cataluña, Valencia, Murcia y Castilla y León.
En este sentido, se estima que el cálculo de la ayuda aplicará 0,72 euros por kilo de uva retirada, es decir, el precio medio de las campañas 2022, 2023 y 2024, y solo cuando el rendimiento máximo por hectárea haya sido de 6.500 kilos.
A por el tempranillo
La otra letra pequeña de la ecuación es especialmente sangrante con el tempranillo, la variedad mayoritaria de Rioja en la actualidad y a la que a menudo se echa en cara que su implantación casi en monocultivo en la zona durante los años setenta y ochenta, en detrimento de otras variedades, favoreció una superproducción.
Ahora, por ejemplo, la convocatoria exige que más de la mitad de la superficie de la parcela sea de tempranillo, algo que en otras campañas simplemente se resolvía con que esta fuera la variedad mayoritaria. Del mismo modo, se otorgarán criterios de prioridad a las distintas parcelas en función de características muy definidas que apuntan, en ese sentido, a la intención del Consejo Regulador de reducir el vino que se produce en la propia denominación de origen.
Por ejemplo, se concederán 100 puntos a las solicitudes colectivas. También se darán 100 puntos a parcelas inscritas dentro de la denominación de origen Rioja, otros 100 puntos a parcelas inscritas con tempranillo tinto y 100 puntos a viñedos de hasta 35 años. De nuevo, por tanto, se mete la tijera —nunca mejor dicho— en las viñas más jóvenes, que tradicionalmente se considera que aportan menos calidad al vino.
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