En invierno, muchas plantas entran en una fase de reposo que pasa desapercibida o que no siempre tenemos presente. Siguen verdes, parecen estables y no siempre dan señales claras de necesitar menos cuidados. El problema es que el riego, uno de los gestos más automáticos, suele mantenerse igual que en los meses cálidos y ahí hay que andarse con cuidado.
Con menos luz, temperaturas más bajas y una evaporación mucho más lenta, el agua permanece más tiempo en la maceta. Si no se ajusta la frecuencia y la forma de regar, el exceso se convierte en el principal enemigo de las raíces.
La mayoría de los problemas invernales en plantas domésticas no se deben al frío, sino al agua mal gestionada. Identificar los errores más comunes permite evitarlos con pequeños cambios muy fáciles de aplicar: prácticamente solo hay que estar al corriente de cómo se hace.
Reducir la cantidad
El primero es regar con la misma frecuencia que en verano. En invierno, la mayoría de plantas necesita bastante menos agua. En la mayoría de plantas, el sustrato debe secarse casi por completo entre riegos para evitar acumulaciones que favorezcan hongos y pudriciones.
Muchas hojas amarillas y caídas no indican falta de agua, sino todo lo contrario. Regar por costumbre sin comprobar la tierra es una de las causas más habituales de plantas que no superan el invierno.
Ojo a la temperatura
El segundo error es utilizar agua demasiado fría. El contraste térmico entre el agua y el sustrato puede dañar las raíces, especialmente en plantas tropicales o de interior. Usar agua a temperatura ambiente evita este estrés innecesario.
Dejar reposar el agua unas horas antes de regar no solo suaviza la temperatura, también mejora su calidad al permitir que se disipen ciertos residuos, como la el cloro, que tiende a evaporarse.
Mojar las hojas
El tercer fallo común es mojar en exceso las hojas y la base de los tallos. En invierno, la humedad superficial tarda mucho más en evaporarse y puede provocar pudriciones o aparición de hongos. El riego debe dirigirse siempre al sustrato, de forma controlada.
Comprobar la tierra antes de regar es un hábito clave. Introducir un dedo unos centímetros o usar un medidor sencillo ofrece información real sobre la humedad, mucho más fiable que el aspecto superficial.
No por la noche
Otro detalle importante es el momento del riego. Evitar hacerlo por la noche reduce el tiempo en el que el agua permanece fría dentro de la maceta. Regar por la mañana permite que el sustrato se adapte mejor durante el día.
Con estos ajustes, el riego invernal se vuelve más consciente y respetuoso. Las plantas lo agradecen manteniéndose sanas hasta la llegada de la primavera, sin sobresaltos innecesarios.
Foto| Fxquadro, senivpetro