Este pastel jugoso es una alternativa creativa a la lasaña de verduras o al quiché, con una textura mucho más suave. En esencia, son capas de vegetales con una variedad de quesos ... ¿qué puede salir mal?
Es un plato visualmente atractivo y lleno de sorpresas. En su interior, encontramos láminas de berenjena y calabacín asado junto a rodajas de tomate, que aportan jugosidad y frescura. Estos vegetales se entrelazan con una mezcla de huevo y nata que cuaja, dándole esa consistencia casi de soufflé. El toque maestro lo aporta una generosa mezcla de queso azul, cheddar y manchego para gratinar la superficie, logrando una costra dorada que contrasta de maravilla con el interior tierno y húmedo.
Este formato es ideal porque admite muchísimas variaciones. La clave para que el pastel no se desmorone y mantenga su estructura es elegir verduras que no suelten demasiada agua o precocinarlas un poco. Se adapta fácilmente a los productos de temporada: la combinación de berenjena y queso es siempre ganadora, pero también lo son la de calabaza y espinacas, la de calabacín y pimientos para el verano, o la de brócoli y patata para un plato más saciante.
En el día a día, es una opción muy práctica: puedes cocinar una fuente grande y tener porciones listas para toda la semana. Es delicioso tanto frío como recién salido del horno, y combina a la perfección con un caldo de verduras o una ensalada de tomate como entrante.
En DAP | Pastel de verduras al horno