Los huevos fritos no son los más ricos, están mucho mejor si se hacen con pan duro, leche, ajo y salsa de pimentón

Las viejas recetas de aprovechamiento como los huevos tontos o repápalos convierten el huevo en un plato mucho más completo, sabroso y reconfortante

Huevos
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Liliana Fuchs

Editor

Confieso que aborrezco los huevos fritos. Me gustan cocinados de mil maneras, pero no puedo con la textura que cogen al freírlos, tengan o no puntilla, esté la yema melosa o totalmente hecha. Y no es por tener manía a la fritura, pues hay otras maneras de freír los huevos que nos han enseñado las abuelas para que queden mucho más ricos y nutritivos. Es la fabulosa cocina de aprovechamiento.

Nos referimos a elaboraciones que mezclan huevo, pan duro y leche, un trío versátil del que no solo salen torrijas. Tenemos como ejemplo los huevos tontos, nombre popular que no debe distraer de la maravilla de su naturaleza: una especie de buñuelos que se prepara mezclando pan duro remojado en leche, huevos, ajo y perejil. Son especialmente populares en Aragón y zonas cercanas, pero también adquieren otras formas en otras zonas de España.

Tenemos así los suculentos repápalos extremeños, que tienen también su versión dulce. Básicamente son unos huevos tontos que, después de freírlos, se incorporan a una cazuela con una salsa sencilla a base de cebolla, vino, pimentón y caldo. Ingredientes humildes y básicos que pueden convertir un huevo frito en algo completamente distinto y mucho más sabroso. 

Si no tenemos que ser tan frugales como antaño aprovechando lo poco que había por la despensa, se pueden añadir a la masa de los huevos tontos tacos picados de jamón o chorizo, bacalao desmigado, sobras de pollo asado, queso o atún. Y lo mismo se aplica a la salsa, que también puede ganar en consistencia con jamón, verduras o, incluso, con una salsa verde o marinera añadiendo almejas o gambas.

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