El fregadero de la cocina y los desagües del baño son los principales focos de olores desagradables en el hogar debido a la acumulación invisible de residuos orgánicos, grasas y moho. Si bien existen múltiples productos comerciales cargados de químicos fuertes, la solución que realmente funciona es mucho más sencilla, económica y ecológica. Cuando se quiere que el mal olor desaparezca de inmediato, existe un ingrediente infalible que actúa en la raíz del problema: el percarbonato de sodio.
El éxito de este método reside en la química natural del compuesto. Al entrar en contacto con el agua a unos 60°C, este activo se descompone liberando oxígeno activo. Esta reacción genera una potente efervescencia que despega los restos de suciedad adheridos a las paredes de las tuberías y desintegra las bacterias que causan el hedor.
A diferencia del bicarbonato común, el percarbonato posee un poder blanqueador y desinfectante mucho más potente, logrando que el conducto no solo huela bien, sino que quede higienizado profundamente. Para que la "magia" suceda, basta con verter dos o tres cucharadas de producto directamente en el desagüe y, acto seguido, echar un litro de agua muy caliente. Al dejar que la mezcla actúe durante unos 15 o 20 minutos, se permite que el oxígeno trabaje incluso en los recovecos más difíciles de la tubería.
Esta rutina, si se realiza una vez por semana, funciona como un excelente mantenimiento preventivo, evitando que se formen tapones de grasa o restos de jabón que, con el tiempo, suelen derivar en problemas mayores y costosas reparaciones.
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