La unión hace la fuerza no siempre es una frase hecha. Eso, además, pretende el recién presentado Plan Internacional de la Gastronomía Española, en el que han trabajado 120 asesores distintos, coordinados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, aunque reuniendo a tres ministerios diferentes, que han publicado una suerte de manifiesto en torno a 10 medidas que se vertebran en cuatro ejes: formación, internacionalización, turismo y marca país.
En este sentido, la formación, según el el plan, no solo se centra en España, sino también en convertir el país en un centro de referencia dentro de la formación gastronómica y el hospitality, un concepto al alza, con la intención de que nuestro país sea un hub de conocimiento y enseñanza.
No es lo único, claro. En España sabemos que se come bien, o que se vive bien, pero hay que extrapolarlo. Se trata de extender el mensaje y aumentar la proyección de los productos españoles, no solo haciéndolos partícipes de nuestra mesa, sino de la mesa mundial. ¿Por qué normalizamos consumir parmesano, pero no queso manchego? ¿Por qué creemos que lo único que podemos internacionalizar es el aceite de oliva y no otros elementos?
Todo ello en una mesa que contó con primeros espadas del sector como Ferran Adrià, que definió la jornada como "el día más importante que ha vivido la gastronomía española" y donde no faltaron autoridades como Luis Planas, ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Foto de 'familia' del Plan Internacional de la Gastronomía Española.
En este sentido, el plan también pretende servir de respaldo a las empresas agroalimentarias para que conquisten nuevos mercados. Y eso, también, supone educar. Educar al turista, pero fidelizarlo como consumidor y como prescriptor de esa Marca España, utilizando todo tipo de espacios como promoción e insistiendo, por ejemplo, en reactivar la candidatura del tapeo como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO
Otra cuestión es ver cómo se va a financiar esta marca país, eje vertebral del plan, que incluye la integración total de la gastronomía en la diplomacia o en la acción exterior del estado, utilizando la gastronomía como un ariete con el que abrir otras puertas.
No es, no obstante, una cuestión puramente española. Dinamarca, hace escasos días, también ha abierto la puerta a otro debate que estaba sobre la mesa: convertir la gastronomía en arte, tal y como se concibe la pintura, la danza o la literatura.
Algo se mueve en los salones del Viejo Mundo para de verdad tomarse en serio algo como la gastronomía. Queda ver si es agua de borrajas, verdura excelente por cierto, o se llegará a alguna parte, pero al menos las ideas, como los cubiertos, están sobre la mesa.
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