Las chalotas caramelizadas son ese comodín de la cocina que eleva cualquier plato y que además es súper sencillo de hacer. A diferencia de la cebolla blanca o morada, la chalota es mucho más suave, dulce y delicada, por lo que no invade la boca. Al cocinarla despacito y terminarla con un chorrito de vinagre de Módena, queda brillante, tierna y con un efecto agridulce.
Esa sutileza es la que la hace hiperversátil, realmente combina con lo que le pongas al lado. Va perfecta para contrastar con carnes, pescados, tofu, seitán o legumbres, y también para darle un toque brillante a cualquier cereal o vegetal asado. Y si te sobra alguna, sumarla a una tabla de quesos con un buen pan crujiente queda genial.
En una olla o sartén a fuego medio-bajo, agregar el aceite de oliva y derretir el trozo de manteca. Dejar que cubra bien el fondo sin llegar a quemarse. Incorporar las chalotas ya peladas y cortadas a la mitad. Acomodarlas para que entren en contacto directo con el fondo de la sartén y comiencen a dorarse suavemente.
Saltear a fuego suave durante unos 5 minutos hasta que empiecen a ablandarse. Agregar una pizca de sal y espolvorear el azúcar sobre las chalotas. El azúcar se irá fundiendo con la grasa y los jugos de la chalota, iniciando el proceso de caramelización.
Mantener el fuego muy bajo y cocinar removiendo suavemente unos 10 a 15 minutos para que tomen un tono dorado e intenso. En los últimos minutos de la cocción, añadir un chorrito de vinagre de Módena para desglasar los azúcares concentrados del fondo y lograr una salsa suave y almibarada.
Con qué acompañar las chalotas
Las chalotas caramelizadas, con su toque dulzón, sabroso e intenso, se disfrutan por sí solas y potencian platos como solomillo a la pimienta, salmón al horno o un bowl de quinoa con verduras y huevo.
En DAP | Cebolla caramelizada
En DAP | Cebolla caramelizada en el horno