Si te digo la verdad, con un puñado de setas, ya sean unos níscalos o boletus, o los champiñones de siempre si vas a lo práctico, se puede preparar una cena exquisita y que parece sacada de un restaurante.
El secreto está en el contraste de texturas que es pura magia: la seta tierna y carnosa, que casi se deshace, mezclada con el huevo, que tiene que estar sí o s cremoso y jugoso, a punto de cuajarse pero sin pasarse.
Y aquí viene un consejo que es oro: dale un golpe de sabor a las setas salteándolas con un chorrito de vino blanco para que se evapore bien el alcohol. Esto agrega un sabor profundo y bien reconfortante que hace la diferencia y lo transforma en un plato gourmet en cuestión de segundos.
El revuelto de setas es la prueba de que se puede comer de lujo, fácil y nutritivo al mismo tiempo. Las setas son ligeras y llenas de fibra, así que te llenan sin pesarte. Y lo mejor de todo es que están cargadas de vitaminas B y minerales como el potasio y el selenio, que son clave para las defensas. Además, el huevo es un plus de proteínas de alta calidad. Es la cena idónea para irte a dormir sintiéndote satisfecho pero no hinchado.
Y claro, un plato tan rico como este revuelto pide un acompañamiento a la altura. Para que sea una cena redonda, una rodaja de pan de masa madre o rústico para poder mojar con ganas esa cremosidad del huevo y el juguito de las setas; es necesario. O bien, para una versión fresca, una ensalada sencilla de hojas verdes y tomatitos cherry con un aliño básico es el contrapunto necesario. Hasta te diría que, si quieres añadir un punto salado, la versión de tofu choricero va genial también para servir al publico vegetariano.
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