Cuando Pedro Valenzuela y Estefanía Ramos se conocieron en Lima, ninguno imaginaba que aquel encuentro casual acabaría dando lugar a un restaurante en Mairena del Aljarafe. Él, sevillano vinculado al mundo financiero; ella, peruana, también procedente de la bolsa. Ambos compartían una pasión silenciosa por la gastronomía que, con el tiempo, terminó imponiéndose a cualquier plan profesional.
El 24 de noviembre de 2022 abrieron Anónimo, en la Avenida Clara Campoamor. Más de tres años después, el proyecto no solo se mantiene firme, sino que ha crecido con la incorporación del chef italiano Andrea Mylonas como socio y responsable de cocina. Juntos forman un triángulo creativo que combina culturas, experiencias y una forma muy personal de entender la restauración.
Exterior del restaurante Anónimo, en Mairena del Aljarafe. Foto: Salva Moreno
Antes de Anónimo, Pedro había desarrollado su carrera en el sector energético. Incluso llegó a crear un blog gastronómico, El Cheftective, donde volcaba su afición por descubrir restaurantes. Estefanía, por su parte, gestionaba locales en Lima mientras trabajaba en el ámbito financiero. Allí llegaron a tener hasta tres establecimientos, hasta que la pandemia alteró sus planes.
Vuelta a España
El golpe económico los empujó a regresar a España. En el Aljarafe encontraron el espacio que buscaban: un local amplio, versátil, con capacidad para doscientas personas y situado en un entorno que Pedro conocía bien. No era el centro de Sevilla ni una zona turística, pero sí un lugar con identidad propia y público fiel.
«Sabíamos que aquí todo se construye poco a poco», explica Valenzuela. «Dependemos del vecino, del boca a boca, de que la gente repita». Ese crecimiento pausado se ha reflejado también en la evolución del restaurante. «Si miro atrás, no tiene nada que ver lo que hacíamos al principio con lo que hacemos ahora. Hemos aprendido con cada servicio».
La peculiar tortilla de patatas. Foto: Salva Moreno
Aunque ninguno de los fundadores tenía formación hostelera, Pedro contaba con un referente familiar: su abuelo, Juan Alberola, dirigió el histórico Hotel Pez Espada de Torremolinos. Una herencia indirecta que hoy se traduce en respeto por el oficio y atención al detalle.
El nombre del restaurante no es casual. Anónimo rinde homenaje a todas las personas que participan, de forma invisible, en cada plato: agricultores, proveedores, transportistas, cocineros, camareros. «Queríamos que cada elaboración tuviera una historia detrás», señala Estefanía. «Aquí no hay un protagonista único. Todo es trabajo de equipo».
Propuesta
Esa filosofía se refleja también en algunos platos con nombre propio, como la llamada “tortilla de Andrea”, que surgió casi por casualidad y terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del local.
El tiradito nikkei. Foto: Salva Moreno
Con socios de tres nacionalidades, la propuesta gastronómica huye de etiquetas cerradas. La cocina de Anónimo mezcla raíces andaluzas con influencias peruanas, italianas y mediterráneas. El hilo conductor es el fuego: parrilla, horno Josper y brasas dominan la escena, siempre visibles para el cliente.
«No somos un asador al uso, pero el fuego lo atraviesa todo», apunta Mylonas. El producto se trabaja de forma artesanal y la carta se renueva constantemente. Incluso los platos más exitosos desaparecen para dejar paso a nuevas creaciones.
«A veces cuesta explicarlo», reconoce Pedro. «Pero forma parte de nuestra manera de entender la cocina. No queremos acomodarnos».
Esa inquietud creativa se aprecia especialmente en su menú degustación, concebido como una síntesis del espíritu del restaurante. Siete pases que recorren distintas técnicas, sabores y recuerdos personales.
El Croissant Carbón. Foto: Salva Moreno
La experiencia, el día de nuestra visita, comenzó con un tartar de vieira a la brasa, acompañado de leche de tigre de espárragos y crema de guisantes: un inicio delicado y fresco. Le sigue un tiradito nikkei de atún, homenaje a las raíces peruanas de Estefanía, donde conviven acidez, tostados y ligereza.
Uno de los platos más celebrados es el croissant carbón, relleno de carbonara líquida y guanciale, coronado con velo de papada ibérica. Una fusión entre tradición romana y técnica contemporánea.
El aguacate a la brasa, con helado de parmesano, mango y crumble de avellana, se ha convertido en un icono vegetal de la casa. Le sigue la reinterpretación de la tortilla: patatas en distintas texturas, yema líquida y bizcocho de pan, una versión deconstruida y reconfortante.
Antes del postre, llega la entraña de Angus, cocinada a la brasa, sin adornos innecesarios. Un cierre salado directo y honesto. El broche final lo pone la torrija-donut flambeada, intensa, aromática y pensada para los más golosos. Pero este menú cambia con frecuencia, así que puede ser que encuentren otras propuestas en su visita.
Plato de entraña. Foto: Salva Moreno
Además del restaurante, el equipo gestiona un servicio de cátering y Pedro participa en la dirección de un hotel familiar en Monesterio, Badajoz. Proyectos paralelos que no restan energía a su base principal: Anónimo.
Tres años después de su apertura, el restaurante continúa transformándose. Sin prisas, sin fórmulas prefabricadas, apoyado en el producto, el fuego y las personas que lo hacen posible.
«No buscamos gustar a todo el mundo», concluye Estefanía. «Buscamos ser coherentes con lo que somos. Y seguir avanzando».
Anónimo
- Dónde: Av. de Clara Campoamor, 16. Mairena del Aljarafe, Sevilla
- Precio medio: 30 euros
- Horarios: cierra martes, domingo solo comidas
- Reservas: 854 99 26 45
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