A ti, a mi, a la vecina del quinto, a la médico que te operó de cataratas, a tu hermano, al tipo aquel con el que no te hablas pero con el que coincides en el trabajo… A todo el mundo, o casi, le ha pasado en un aeropuerto alguna vez el llegar con un elemento sospechosamente denso, pero no lo suficiente, como para que te lo acaben tirando en el control de seguridad.
Aunque ya son muchos los aeropuertos que permiten entrar con envases de más de 100 mililitros que contengan líquidos, son muchos más los que aún no lo hacen y, a menudo, supone tener que tirar más de un souvenir o algún elemento de nuestra rutina higiénica por incumplir las normas.
Puede ser un champú, una laca, una gomina… O puede ser una crema de queso, una mermelada, una miel o una jalea de higos en almíbar, elementos estos cuatro que le han hecho tirar a un servidor en algún momento de su vida antes de cruzar esa barrera de seguridad.
Para que no te pase, te lleves el berrinche y veas cómo se van por el desagüe unos cuantos euros que podían haber sido tu souvenir favorito, recuerda una máxima que, en general, es siempre aplicable.
De hecho, la recuerda Finavia, la compañía que gestiona los aeropuertos en Finlandia, es decir, como la Aena española, y que en su página web resume de manera sencilla las dudas que puedas tener: "Si lo puedes untar, es líquido".
Aena, de hecho, lo recuerda también dentro de su página web, advirtiendo que esas reglas "se aplican a todos los líquidos, aerosoles, geles, pastas, lociones, espumas, cremas, mermeladas, mezclas de líquido y sólido y otros elementos de consistencia similar".
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