Los sofás en L empiezan a perder protagonismo: la nueva tendencia apuesta por salones más versátiles y fáciles de adaptar

La nueva forma de distribuir el salón busca ganar amplitud visual sin renunciar a la comodidad ni a los asientos

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Joana Costa

Editor

Durante años, el sofá en forma de L ha sido el rey indiscutible del salón. Su capacidad para aprovechar el espacio y reunir a toda la familia lo convirtió en una apuesta casi obligatoria en las viviendas de nueva construcción. 

Sin embargo, las tendencias en interiorismo empiezan a mirar en otra dirección. En 2026, cada vez más proyectos prescinden de esta distribución para dar paso a salones más flexibles, ligeros y personalizados.

El cambio responde a una nueva forma de vivir los espacios. Los interioristas buscan ambientes que puedan transformarse con facilidad según el momento del día o las necesidades de quienes los utilizan. En lugar de una única pieza de gran tamaño que condiciona toda la estancia, gana terreno la combinación de varios asientos independientes.

Piezas individuales

La fórmula más repetida consiste en sustituir el tradicional sofá rinconero por un sofá recto acompañado de uno o dos sillones individuales. Esta disposición facilita reorganizar el salón cuando llegan invitados, mejora la circulación y aporta una sensación de mayor amplitud visual, especialmente en viviendas donde cada metro cuenta.

Otra de las claves de esta tendencia es la modularidad. Los sofás modulares permiten añadir, retirar o mover piezas sin necesidad de cambiar todo el conjunto. De esta forma, el salón puede adaptarse con el paso del tiempo a nuevas necesidades, desde una mudanza hasta la llegada de un nuevo miembro a la familia.

También recuperan protagonismo los sofás enfrentados, una distribución clásica que vuelve a verse en muchos proyectos de interiorismo. Colocar dos sofás uno frente al otro favorece la conversación y crea un ambiente más equilibrado, especialmente en estancias amplias donde existe espacio suficiente para organizar diferentes zonas.

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El auge de los materiales naturales también está influyendo en esta evolución. Maderas claras, tejidos de lino, bouclé o algodón y una paleta de colores neutros contribuyen a crear salones más luminosos y relajados, donde el mobiliario no domina visualmente toda la estancia.

Los expertos en decoración señalan además que un único sofá de grandes dimensiones puede limitar futuras reformas o cambios de distribución. En cambio, varios muebles independientes ofrecen mayor libertad para modificar el espacio sin tener que sustituir todo el salón.

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Eso no significa que los sofás en L hayan desaparecido. Siguen siendo una excelente opción para familias numerosas o para quienes buscan aprovechar al máximo una esquina del salón. Sin embargo, ya no son la única respuesta al diseño de la zona de estar.

La tendencia actual apuesta por espacios más dinámicos, donde cada pieza pueda cumplir varias funciones y el salón evolucione junto a quienes lo habitan. Más que seguir una moda concreta, el objetivo es crear ambientes cómodos, versátiles y fáciles de adaptar a cualquier estilo de vida.

Fotos | En Pexels: Furkan Tumer, Gabriela Pons y Diego Quiroga.

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