Laura Martínez, interiorista: “No tiene sentido perder medio salón por una mesa de comedor que solo se usa tres veces al año"

La especialista defiende adaptar la distribución de la vivienda a la vida real y no a costumbres heredadas que ya apenas encajan en muchos pisos actuales

Copia De Plantilla 1200x900 35
Facebook Twitter Flipboard E-mail
joana-costa

Joana Costa

Editor

Durante décadas, la mesa del comedor ocupó un lugar casi ceremonial dentro de la casa. Era grande, robusta y normalmente estaba rodeada de sillas que pasaban más horas vacías que ocupadas, como esos salones de invitados que muchas familias conservaban impecables mientras la vida real sucedía en la cocina. 

Pero las viviendas han cambiado, los metros cuadrados se han reducido y las rutinas domésticas ya no funcionan igual. Ahora se desayuna frente al portátil, se cena rápido en una barra y se improvisan reuniones donde antes cabía un aparador castellano de dos toneladas. Comedor tradicional y hábitos modernos empiezan a chocar más de lo que parece.

La interiorista Laura Martínez ha reflexionado sobre esta cuestión en una entrevista publicada por La Vanguardia. “No tiene sentido perder medio salón por una mesa de comedor que solo se usa tres veces al año”, señala la especialista, que cuestiona la permanencia automática de ciertas piezas de mobiliario mantenidas más por costumbre que por utilidad real. 

Según explica, muchas personas conservan enormes mesas familiares aunque la mayor parte del tiempo coman en la cocina o directamente sobre una barra auxiliar. Espacios infrautilizados y distribución rígida siguen siendo frecuentes en muchas viviendas.

Martínez insiste en que el problema no es tener comedor, sino sacrificar metros valiosos en casas pequeñas para mantener una estancia que apenas se utiliza. Especialmente en ciudades donde el precio de la vivienda obliga a optimizar cada rincón como si fuera equipaje de mano antes de embarcar. 

En pisos reducidos resulta mucho más útil ganar amplitud visual, almacenamiento o incluso una zona cómoda de teletrabajo antes que mantener un rincón formal reservado para dos comidas familiares al año. Metros útiles y funcionalidad cotidiana se han convertido en prioridades absolutas.

La idea conecta bastante bien con la evolución reciente del interiorismo doméstico. Ante esto, las reformas actuales buscan cada vez más integrar espacios, eliminar barreras visuales y adaptar las viviendas a usos múltiples. 

Pexels Enginakyurt 4170056

Refugios cotidianos

El salón ya no sirve únicamente para sentarse frente al televisor y el comedor ha dejado de ser un territorio casi ceremonial. Las casas funcionan ahora como oficinas improvisadas, espacios sociales y refugios cotidianos al mismo tiempo. Viviendas flexibles y espacios abiertos dominan muchas reformas recientes.

Asimismo, mucha gente tiene auténtico miedo a usar la mesa "buena" esa que se protege con manteles especiales, se limpia con ansiedad preventiva y parece reservada para acontecimientos diplomáticos. Martínez defiende justo lo contrario: si una mesa se desgasta es porque ha habido vida alrededor de ella. Conversaciones, comidas rápidas, cafés improvisados o discusiones familiares sobre quién no bajó la basura. Muebles vividos y uso cotidiano aportan mucho más sentido a una casa que una perfección inmóvil.

Otro de los puntos destacados es la duplicidad innecesaria entre cocina y comedor. En muchas viviendas conviven dos mesas distintas aunque la principal apenas se utilice, especialmente en cocinas abiertas, donde la conexión visual entre ambientes ya cumple gran parte de la función social del antiguo comedor independiente. 

Fotos | En Pexels: Vidal Balielo Jr.,

En DAP | Evita con este truco que las toallas huelan a cerrado en invierno

En DAP | Ni gastar una fortuna ni tener muchos metros: cinco ideas de decoración para mejorar tu terraza esta primavera

Inicio