El detalle de la cocina en el que casi nadie piensa y que puede acabar destrozándote la espalda, según un experto

Por qué el zócalo de los muebles no es solo una cuestión estética y cuál es la medida que mejor funciona en una cocina

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Joana Costa

Editor

Las cocinas modernas llevan años obsesionadas con ocultarlo todo. Neveras paneladas, enchufes invisibles, campanas integradas y muebles que parecen flotar como si nadie cocinara realmente allí dentro. En medio de esa fiebre por el minimalismo hay una pieza pequeña y bastante ignorada que, según los expertos, puede marcar más diferencia de la que parece: el zócalo.

Esa franja situada en la parte inferior de los muebles bajos que la mayoría solo descubre cuando pasa la fregona o pierde accidentalmente una pieza debajo del armario. Según explica el experto en cocinas Miguel Gómez en su Instagram @formas_cocinas en uno de sus vídeos su función va mucho más allá de lo decorativo.

Una especie de alzador

Así, la cocina puede quedar preciosa, pero si el zócalo está mal planteado te arruina la postura, viene a resumir el especialista. El motivo es bastante simple: ese pequeño retranqueo permite acercar el cuerpo a la encimera sin tener que inclinar constantemente la espalda hacia delante mientras se cocina, se corta o se friega.

Sin ese espacio para introducir ligeramente los pies bajo el mueble, el cuerpo queda más separado de la superficie de trabajo y obliga a mantener una pequeña flexión continua. Y ahí aparece uno de esos problemas domésticos invisibles que solo se entienden después de años cocinando incómodamente sin saber exactamente por qué.

La medida que mejor equilibra ergonomía y estética: unos 10 centímetros de altura. Esa dimensión permite apoyar bien la postura, mover los pies cómodamente y limpiar debajo de los muebles sin demasiados problemas. Es también la medida más habitual en cocinas actuales precisamente porque funciona bastante bien a nivel práctico.

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Ni demasiado bajo ni demasiado alto

El experto advierte, sin embargo, de dos extremos bastante frecuentes. Los zócalos demasiado bajos (de unos cinco centímetros) pueden resultar más minimalistas visualmente, pero apenas dejan espacio para los pies y terminan siendo incómodos en el uso diario. En el lado contrario, los antiguos zócalos muy altos de algunas cocinas clásicas rompen visualmente la proporción del mobiliario y envejecen bastante el conjunto.

La parte curiosa es que este pequeño detalle tiene también un papel importante en el diseño visual de la cocina. Muchos interioristas utilizan el zócalo negro para rematar la parte inferior de los muebles y generar sensación de profundidad. Otros prefieren integrarlo completamente con el suelo o repetir el acabado de las puertas para que pase desapercibido.

En cocinas modernas, especialmente las blancas o de madera clara, el zócalo oscuro se ha convertido casi en un recurso estratégico. Ayuda a separar visualmente el mobiliario del pavimento y evita ese efecto algo extraño de muebles que parecen directamente pegados al suelo como si fuesen decorado de exposición.

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También influye bastante en la limpieza diaria: un zócalo bien planteado permite pasar fregona o aspirador con más comodidad y evita que la suciedad se acumule en rincones imposibles. Es algo poco glamuroso, pero bastante más útil que discutir durante tres semanas el tono exacto del tirador dorado mate.

La gran diferencia es que el zócalo suele decidirse al final de muchas reformas, casi como un detalle secundario. Y en este punto, según los expertos, es donde aparecen muchos errores. En cocina, igual que ocurre con los colchones o las sillas de oficina, hay decisiones pequeñas que solo parecen irrelevantes hasta que la espalda empieza a opinar exactamente lo contrario.

Fotos | En Pexels: Polverini Lian, Alan Quirván y Cosmin Gavris.

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