Estas son las razones por las que puedes acabar odiando tu isla de cocina, según un arquitecto

Un experto advierte que sin espacio suficiente, puede convertirse en un problema diario

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Joana Costa

Editor

Las islas de cocina se han convertido en el símbolo del diseño moderno, pero no siempre encajan en cualquier casa. Tal y como advierte el arquitecto Máximo Caballero, instalarlas sin planificación puede terminar en frustración en cuestión de pocas semanas.

El principal problema no es estético, sino práctico. Si no se calcula bien el espacio, la isla deja de ser funcional y empieza a interferir en los movimientos diarios. Golpes, recorridos incómodos y sensación de agobio son algunas de las consecuencias más habituales.

Distancias mínimas

Uno de los errores más comunes es no respetar las distancias mínimas. Para que una isla funcione correctamente, debe haber al menos 1,20 metros libres alrededor. Esa medida no es caprichosa: permite abrir cajones, circular con comodidad y trabajar sin obstáculos.

Cuando ese margen no se cumple, la cocina pierde fluidez. Lo que en plano parecía una buena idea, en el uso real se traduce en incomodidad constante. Es cuanto se dan cuenta de ello cuando donde muchos propietarios acaban arrepintiéndose de haber incorporado este elemento.

El mensaje es claro: no todas las cocinas necesitan (ni pueden permitirse) una isla. Antes de instalarla, conviene analizar bien el espacio disponible y pensar en cómo se usa realmente la cocina en el día a día. Porque, en interiorismo, no todo lo que queda bien en fotos funciona igual de bien en casa.

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Acumulación de objetos

Además del espacio, hay otro factor que suele pasarse por alto: el uso real que se le va a dar. Muchas islas acaban funcionando como una simple superficie de apoyo o acumulando objetos, lejos de esa idea inicial de espacio versátil para cocinar o socializar. Sin una planificación clara de enchufes, almacenamiento o zonas de trabajo, el resultado se queda a medio camino.

También influye la distribución general de la cocina. Si la isla rompe el llamado triángulo de trabajo (integrado por fregadero, placa y nevera) o obliga a dar rodeos constantes, la experiencia se vuelve poco práctica. En estos casos, soluciones como penínsulas o mesas integradas suelen ser más eficientes, especialmente en viviendas donde cada centímetro cuenta.

Fotos | @maximocaballero.arq/Instagram y Felipe Hueb.

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