Ruta gastro por la Astorga más dulce. Palacios de cuento, chocolate, hojaldres y mantecadas. Pero te enamorarás de los Merles

Este 2026 es el año Gaudí, al celebrarse el centenario de su trágica muerte. Nosotros nos vamos en busca de uno de sus monumentos más icónicos fuera de Cataluña y aprovechamos para saciarnos de dulces y chocolates.

Palacio Gaudi Y Catedral Pano 1
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Luis Ulargui

Colaborador

Antonio Gaudí llegó a Astorga en un frío día de 1886 para conocer el terreno donde iba a levantar un nuevo palacio episcopal. No conocía estas tierras leonesas que llamaban y se siguen llamando la Maragatería y quien le había llamado para hacer una obra que asombrara a todos era Juan Bautista Grau, obispo de Astorga y gran amigo suyo de Reus.

El proyecto tarda algunos años en tener el visto bueno ministerial. Y fue en el verano de 1889 cuando se coloca la primera piedra. Gaudí empieza a hacer realidad un sueño que sólo tenía en su cabeza, como sucedió en muchas de sus obras. Pensó en hacer algo más que un palacio episcopal, debía ser un palacete señorial, un templo, un castillo rodeado de su foso, todo ello de granito traído del cercano Bierzo y cuatro torreones que hoy recuerdan a un castillo de fantasía. El plazo previsto de construcción era 5 años, pero la realidad, como ocurrió con muchas de sus obras arquitectónicas, fue otra.

 El obispo Grau falleció a mitad de obra, y sin su protección el proyecto se tuerce. Las desavenencias entre el arquitecto y la Junta Diocesana se acumulan hasta que Gaudí renuncia al cargo. El arquitecto catalán no volvería a tierras leonesas ni maragatas, su cabeza y pensamientos estaban entregados por completo a la Sagrada Familia. Será el arquitecto Ricardo García-Guereta quien termine lo que Gaudí dejó dibujado.

Palacio Gaudi Interior 1 Interior Palacio Episcopal de Astorga de Gaudí.

Gaudí, el hombre que no comía y se alimentaba de la luz

Hay algo casi conventual en la figura de Gaudí paseando por las obras de Astorga. Sólo realizó nueve visitas para supervisar el estado del palacio, y en ninguna de ellas se le vio sentarse a una mesa para comer. Su amigo el obispo Grau ya lo advertía con preocupación: "Antoni está cada día más flaco; temo que enferme pues se niega a comer los alimentos de la mesa y prefiere el ayuno". Policarpo Arias, uno de los contratistas de la obra, lo recuerda con un trozo de pan y unas avellanas que siempre llevaba en el bolsillo. Muchos estudiosos llegan a decir que se alimentaba de los rayos de luz que pasaban por las ventanas de sus edificios.

Exterior y Jardines del Palacio Episcopal de Astorga / Ayuntamiento de Astorga Exterior y Jardines del Palacio Episcopal de Astorga / Ayuntamiento de Astorga

Otros también llegan a decir que en Astorga la humedad y frío leonés endurecieron aún más su dieta naturista, algunos llegan a decir que era vegano: rechazaba la cocina grasa y los embutidos de la comarca, y sólo comía, eso se cree, leche, pan, fruta y verdura cruda. Ni el chocolate, que nobleza y clero habían adoptado como propio, ni las mantecadas, de dulce y untuosa fama, lograron tentarlo.

Resulta casi una ironía que el hombre que ideó un castillo con aire de pastel fuera precisamente quien nunca probó bocado, ni dulce ni salado.

Chocolate La Cepedana Ayto Astorga 1 Tableta de Chocolate a la taza La Cepedana / Luis Ulargui

La leyenda del chocolate que pudo llegar a Astorga por amor

Pero si Gaudí no quiso probar bocado astorgano eso no quiere decir que el viajero que se acerque a la capital de la Maragatería no lo haga. Y es que Astorga es ciudad de buen comer. Fama tiene su cocido maragato, aquel que se come al revés, pero eso es para otro reportaje. Si por algo se define gastronómicamente hablando a Astorga es por ser una ciudad dulce. Dulce y golosa.

Chocolate La Cepedana 2 Chocolate a la taza en Astorga / Luis Ulargui

¿Y qué hay más goloso que el chocolate? Astorga huele a cacao y toda historia siempre tiene una leyenda, y el chocolate de Astorga no podía ser menos. Cuenta la tradición astorgana que el conquistador Hernán Cortés quiso emparentar con la nobleza leonesa casando a una de sus hijas con el hijo mayor del Marqués de Astorga. Se firmaron capitulaciones, se sellaron acuerdos, todo parecía listo, pero al final la boda no llegó a celebrarse. Cortés murió pocos días después de conocer la noticia, y nunca sabremos si fue por disgusto o por simple azar del destino.

Entre los regalos nupciales, se cree, pudieron llegar habas de cacao, un producto exótico del Nuevo Mundo que en Europa ni siquiera tenía nombre y que en América servía como moneda de cambio. Es una simple hipótesis que pudo ocurrir, el que Astorga fuera uno de los primeros lugares de Europa en conocer el cacao. Pero no hay documento que lo pueda acreditar, aunque lo que sí quedó registrado con fecha cierta fue un inventario de bienes de 1636 de una marquesa fallecida donde deja en testamento unos vasos de las indias para beber chocolate. A mediados del XVIII, el consumo ya es una realidad en la ciudad.

Alfredo Chocolatero De Astorga La Cepedana 1 Alfredo Cabezas, Chocolatero de La Cepedana / Luis Ulargui

La Cepedana. Artesanos chocolateros centenarios

Astorga llegó a tener más de 400 fábricas y licencias de chocolateros artesanos. Hoy quedan cinco, y entre ellas resiste La Cepedana, con más de un siglo moliendo cacao traído de Costa de Marfil y Ghana. Merece la pena no quedarse en el mostrador y pasar a la trastienda, donde un pequeño museo familiar guarda las máquinas de antaño, los cromos de colección que acompañaban las tabletas y los primeros envoltorios con la mirada risueña de esa chica que sigue ilustrando cada producto de esta centenaria casa.

Alfredo Cabezas tiene 86 años y sigue sintiéndose chocolatero. Cuenta la historia de su familia, y que es también la de Astorga, mientras sirve en una taza de barro un chocolate caliente a la taza hecho solo con cacao y agua, sin azúcar. La textura es suave, casi líquida, de una densidad que sorprende cuando toca los labios y en el primer sorbo. El dulzor es tenue, propio del cacao, y después llegan matices de especia y un fondo amargo que se instala con sutileza en boca. Lo trae acompañado de unos picatostes crujientes espolvoreados de canela y azúcar, y el conjunto sabe a historia y a una tradición artesanal que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Museo del Chocolate de Astorga Museo del Chocolate de Astorga / Ayuntamiento de Astorga

Quien quiera profundizar sobre el cacao y esta ciudad tiene una cita obligada en el único museo monográfico del chocolate en España que no depende de ninguna marca. Ocupa un palacete modernista de 1910, que fue residencia y fábrica de maestros chocolateros. Sus salas recorren el cultivo del cacao, la elaboración artesanal y la historia de las familias que hicieron de este goloso y dulce oficio una seña de identidad para Astorga.

Rest La Peseta Helado De Mandarina Con Chocolate De Astorga Helado de Mandariana y chocolate de Astorga del Restaurante La Peseta

Esta tradición centenaria y este patrimonio gastronómico no se ha quedado congelado en un museo. Algunos hosteleros astorganos reinventan hoy sus recetas haciendo del cacao el gran protagonista en platos y menús. En el Restaurante La Peseta, casa de comidas con más de cien años y de gran renombre, tiene en su carta de postres un helado de mandarina bañado en chocolate de la ciudad frescor, maridaje y bocado de contrastes entre el ácido de la fruta y el dulce amargo del chocolate caliente.

Merles 1 Los famosos Merles de Astorga / Luis Ulargui

Los merles: el secreto dulce de Astorga

Pero lo goloso no se debe quedar aquí. Hemos dejado para el final, lo mejor. El secreto de Astorga. Si preguntas a un astorgano por el mejor dulce de la ciudad, muchos no dudarán: los merles de la confitería Flor y Nata. En pocas guías los vas a encontrar y se asegura que no hay quien los haya probado y no se haya enamorado de este dulce.

El Merle de Astorga sólo se puede encontrar en un sitio. Un local pequeño, de alacena blanca y mostrador de cristal, y ubicado en una callejuela que sale de la Plaza Mayor. Allí José Manuel, tercera generación al frente del obrador, junto con su mujer Yolanda hablan del dulce sin desvelar su fórmula: unas cazuelitas de hojaldre crujiente rellenas de azúcar, huevo y un secreto familiar que no piensa compartir. Y eso que hemos insistido.

Flor Y Nata 1 Fb José Manuel y Yolanda de la Confitería Flor y Nata

El origen del nombre se pierde en conjeturas. Algunos lo relacionan con los merlitones de Ávila, aunque el propio José Manuel lo desmiente con rotundidad pues este pastel no tiene almendra, no se parecen al dulce abulense, y “son deducciones sin más recorrido que la charla de sobremesa en nuestra familia”, nos aclara. Lo que sí es seguro es que la confitería existe desde 1935, cuando su abuelo la tomó ya con ese nombre, tras pasar por varios locales de la ciudad. Antes se hacía de todo en aquellas tiendas de ultramarinos, hasta patatas fritas. Con los años, la familia fue quedándose solo con lo que mejor sabía hacer: el dulce.

Merles 2 Bandeja de Merles / Luis Ulargui

Cada día salen entre 400 y 1.000 merles, según la afluencia de turistas, y no hay intención de innovar con nuevos sabores. "El merle tiene que ser como es", zanja José Manuel.

A un euro cada uno, sabor dulce sin empalagar, y ese tintineo de campanilla que anuncia, cada vez que se abre la puerta, que alguien más ha venido a llevarse una caja del secreto mejor guardado de Astorga.


Fotos: Luis Ulargui / Ayuntamiento de Astorga / Confitería Flor y Nata

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