
No me gusta mucho la carne, y eso preocupa mucho tanto a mi madre como a mi suegra, que encima es médico y vigila mucho la dieta de la familia. Pero por suerte el pescado y el marisco me apasionan, así que ella insiste en que consuma mejillones, que tienen mucho hierro. Pensando en ella improvisé hace poco una crema de mejillones y gambas que resultó todo un acierto.
Aunque los productos congelados no se puedan comparar en sabor y resultados con el buen marisco fresco, hay que reconocer que existen gamas de muy buena calidad en el mercado. Poder contar con una reserva de mejillones o gambas siempre dispuesta en el congelador resulta muy práctico para enriquecer nuestros menús, y más en los tiempos que corren.
Picar muy fino todos los vegetales y ponerlos a pochar en una cazuela con un poco de aceite de oliva. Pasados unos minutos, añadir el laurel y la salsa de tomate. Incorporar los mejillones y las gambas, dar unas vueltas y regar con el vino.
Cuando se haya evaporado el alcohol, cubrir con el caldo o con agua y dejar cocer unos 20 minutos a fuego suave. Sazonar al gusto. Triturar con ayuda de una batidora y dejar reposar unos minutos.

Esta crema de mejillones y gambas se puede degustar tanto caliente como más templada, ya que incluso una temperatura más suave favorece a disfrutar más de su sabor. Podemos darle un toque final muy rico con un chorrito de nata ligera, leche o crema fresca, antes de servir.
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