Gasolineras ¿nuevas tiendas gourmet?

La verdad es que durante años asociaba las tiendas de las gasolineras con las manidas botellitas de Winss, y si acaso con alguna gamuza para limpiar los cristales. Poco a poco, la cosa se fue poniendo seria y comenzaron a vender más artículos, colocándose como estrellas indiscutibles del ranking el sandwich envasado y la bolsa de hielos. Hasta ahí, todo más o menos normal, eso sí, a precios muy elevados, de gasolinera.
Ultimamente he reparado en un hecho, que desconozco si es algo aislado o sucede en otras estaciones de servicio, y es que cuando reposto combustible en alguna de las gasolineras de la carretera que lleva al pueblo donde vivo, al ir a pagar me suele entrar la duda de si estoy en una tienda de delicatessen, una frutería de lujo o apoquinando sesenta euros de diesel.
En una de ellas, invariablemente siempre que saco la cartera para aflojar la cuenta (esta mañana sin ir más lejos) la encantadora empleada me dice: tenemos las naranjas de oferta, ¿desea llevar una caja? Yo me pellizco desconcertada intentando ubicarme, miro hacia donde me indica y veo una pandilla de naranjas acostadas en una caja de madera, redondas, anaranjadas y tersas. Difícilmente encuentro ejemplares así en las fruterías. Nunca las he comprado, que siempre me viene mal pasearme por Madrid con una caja de naranjas en el maletero, pero creo que solo por despejar dudas, ya va tocando.


El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) dio a conocer a finales del pasado año un informe titulado “Canales alternativos de la distribución alimentaria”, un estudio monográfico en el que nos muestran cuánto se compra en los canales alternativos.
Todos los consumidores tenemos que acudir a un comercio a comprar nuestros alimentos y nos gusta comprobar que se encuentran en las máximas condiciones de limpieza e higiene, esto es algo evidente. Algunos comercios pueden proporcionarnos una visual muy pulcra del escaparate (la tienda en general), sin embargo, no sabemos que ocurre en la trastienda. 
