María Galiana siempre será para millones de personas la abuela que todos desearíamos tener. Pero detrás de la reputada actriz que ha pasado a la historia encarnando a la emblemática Herminia de Cuéntame cómo pasó, conviven muchas otras vidas; desde la profesora de instituto que enseñó historia del arte con pasión a una cocinera casera que entiende los fogones como un territorio de afecto, memoria y generosidad cotidiana.
En su faceta entre cazuelas, Galiana reivindica el sabor de la paciencia, el respeto por el producto honesto y la cocina como un acto de convivencia donde las recetas son historias compartidas que se heredan de boca en boca. Su libro La cocina de las abuelas (Planeta, 2004) es el reflejo de esa forma de entender la gastronomía y la vida cotidiana, todo un compendio de platos sencillos, sabrosos y cargados de alma donde prima la tradición y el calor de hogar.
Como recuerda la también andaluza Sonia Dorado, Galiana en su libro da un protagonismo especial a la cocina de las casas andaluzas, recetas de toda la vida que podrías imaginar a tu abuela o a tu madre preparando cualquier día de la semana. Y eso se deja ver también en el lado más goloso del recetario, donde la fritura cobra una importancia crucial gracias a la herencia árabe y el papel que el aceite de oliva juega en la cultura gastronómica del sur.
En ese recetario, en el que recopila casi 200 recetas de cocina de la abuela, la actriz comentaba que “Los andaluces freímos como nadie. La mayoría de dulces como los pestiños, las flores, los rosquitos o las torrijas se fríen, así que hay que conseguir un buen dominio de la sartén y del aceite para sentar plaza de buena cocinera en Andalucía”.
Los dulces o frutas de sartén se preparan en toda España, pero es cierto que en la cocina andaluza tienen un protagonismo mucho más marcado, en consonancia con la propia tradición de fritura salada que se extiende por todas las provincias. A menudo son dulces asociados a fiestas o épocas concretas, como las mencionadas torrijas, los pestiños, las rosquillas o las flores, que también se elaboran en otras regiones cercanas. Elaboraciones muy humildes con pocos ingredientes que, sin esa conexión entre generaciones, familiares, estarían condenadas a desaparecer.
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