Quedan pocas semanas para que se defina el próximo Ejecutivo y el sector de la hostelería ya ha marcado su hoja de ruta, con el paquete de 30 propuestas que la patronal ha remitido a los partidos políticos para el futuro de los bares y restaurantes en España. Entre cuestiones relacionadas con la fiscalidad, la formación y la burocracia, destaca una nueva preocupación para el gremio: el auge de los supermercados reconvertidos en espacios para comer. La presión que ejercen los llamados 'mercaurantes' es tal que su regulación ha pasado a ser una prioridad absoluta para los profesionales de la gastronomía.
Hostelería de España, como organización que representa a nivel nacional a más de 300.000 negocios, ha trasladado una lista de sugerencias que considera indispensables para la nueva legislatura. En el documento, además de solicitar el blindaje del IVA reducido del 10% para el sector o la creación de una Dirección General específica, destaca la exigencia de que todos los actores que ofrecen comida jueguen bajo las mismas reglas. Estas medidas buscan, aseguran, proteger un tejido empresarial que da empleo a 1,85 millones de personas y aporta el 6,7% del PIB nacional.
Aunque la patronal formula la queja en términos generales en sus comunicados, el caballo de batalla más urgen parece obvio. El sector reclama unas condiciones equivalentes para todo aquel que desarrolle una actividad de oferta gastronómica, lo que implica equiparar las exigencias en materia fiscal, sanitaria, laboral y de licencias a supermercados e hipermercados con espacios para consumir platos preparados en las tiendas. En la práctica, supone exigir que el área de consumo de un supermercado afronte los mismos requisitos legales que la terraza o el salón de un bar de barrio.
En el texto remitido a las agrupaciones políticas, la queja es más concreta, pues denuncian la competencia de negocios que operan sin esa equiparación fiscal ni el mismo rigor en la normativa sanitaria. El foco está puesto en la venta y consumo in situ de platos preparados, señalando que la comida y bebida degustada en espacios comerciales abiertos al público debe acogerse a la misma ley que rige en la hostelería clásica. El colectivo advierte de una 'asimetría competitiva' que desestabiliza el día a día de bares y restaurantes.
El debate no es nuevo, pero la advertencia llega en un momento de plena expansión de estos modelos de negocio. En la asamblea anual del sector celebrada el pasado mayo, el presidente de Hostelería de España, José Luis Álvarez Almeida, verbalizó la preocupación de forma directa ante representantes políticos, argumentado que hipermercados y tiendas de alimentación buscan operar como bares, incurriendo, bajo el prisma de la asociación, en competencia desleal. La postura de la entidad no pasa por prohibir esta actividad, sino por exigir igualdad de condiciones ante la ley.
En Cataluña, el Gremi de Restauració de Barcelona dio un paso al frente al anunciar una denuncia contra 30 establecimientos de Mercadona. La asociación barcelonesa considera que la cadena incurre en intrusismo, argumentando que sus espacios de consumo son verdaderos restaurantes low cost al contar con un surtido de cubiertos, vasos, servilletas y microondas para calentar la comida. Según el Gremi, algunos locales disponen de hasta 30 plazas, vulnerando presuntamente la ordenanza municipal que prohíbe actividades comerciales o de servicios más allá de la línea de cajas. Por su parte, la cadena valenciana sostiene que se trata simplemente de zonas de descanso gratuitas, que no cuentan con personal de servicio específico y que, por tanto, no operan como espacios de restauración.
La realidad es que los hábitos de consumo están transformándose y el sector hostelero ya no compite únicamente de forma interna. En un contexto donde el consumidor dispone de menos tiempo para cocinar y busca ajustar el gasto diario, la comida preparada del supermercado se impone como una alternativa intermedia entre cocinar en casa y el clásico menú del día, que cada vez está más caro. Los clientes encuentran una oferta variada y precios contenidos, pudiendo elegir una ración para consumirla en el propio establecimiento con un servicio mucho más ágil. Esta tendencia se beneficia del tráfico natural de las tiendas, donde el usuario que entra a hacer la compra puede resolver simultáneamente la comida del mediodía.
El impacto económico de este cambio de paradigma parece justificar la alarma de los restauradores; solo la sección 'Listo para comer' de Mercadona factura ya en España 700 millones de euros. Si se amplía el foco a toda la línea de negocio de comida preparada del grupo, incluyendo platos refrigerados o envasados, el volumen asciende a 3.000 millones de euros en la Península Ibérica, representando cerca del 7% de toda la facturación de la compañía para el año 2025.
La magnitud del fenómeno queda patente al comparar estos datos con las grandes cadenas de restauración; la facturación de McDonald's en España y Portugal ronda los 2.350 millones de euros anuales, mientras que la de Burger King se sitúa en torno a los 1.850 millones. Por tanto, ante este volumen de negocio, los hosteleros exigen que, si los supermercados van a rivalizar en el mercado de la alimentación inmediata, lo hagan bajo las mismas condiciones operativas que se les exigen a ellos.
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