Poca gente tiene hoy en día una picadora en casa, por lo que no nos queda más remedio que ir a comprar carne picada si queremos hacer, por ejemplo, unas albóndigas en salsa o una salsa boloñesa. Hoy día lo más cómodo y rápido parecen ser las bandejas refrigeradas de supermercado, pero hay muchas razones para volver al mostrador de carnicería y pedirla al momento. Sobre todo si no quieres que te den gato por liebre, como advierte Miguel Ángel Lurueña.
El experto en seguridad alimentaria y conocido divulgador de ciencia y alimentos, nos advertía sobre la diferencia entre comprar carne picada en la carnicería o recurrir a las secciones de refrigerados: “No todos los productos son lo que parece”. Y ya nos adelanta rápidamente su recomendación, aconsejándonos que, si realmente queremos carne picada de verdad, lo mejor es ir a la carnicería y pedir la cantidad que queramos y que nos la piquen al momento.
El motivo principal responde a la máxima transparencia y trazabilidad, pues solo así nos aseguraremos de que lo que compramos es 100% carne, sin trampa ni cartón. Porque si preferimos la comodidad de coger alguna de las bandejas que hay en la sección de refrigerados, “lo más seguro es que encontremos otros productos diferentes que legalmente no son carne picada, sino preparados de carne, es decir, productos elaborados a partir de carne picada a la que se añaden diferentes ingredientes”, sentencia.
Además, entre esos preparados de carne encontramos dos grandes grupos. En primer lugar, tenemos los que se elaboran añadiendo aditivos como antioxidantes y conservantes, o ingredientes como sal, aromas y potenciadores del sabor; en segundo, los preparados tipo burger meat y similares, que ya te adelantan en el nombre el uso que deberías darle. Estos últimos cuentan con al menos un 4% de vegetales o cereales en sus ingredientes, pudiendo incorporar también agua, sal, fosfatos, colorantes, antioxidantes o sulfitos.
¿Son productos no seguros? En absoluto, son completamente seguros. El problema, remarca Lurueña, es que tienen características diferentes y a menudo no nos damos cuenta si no leemos las etiquetas. “La principal diferencia está en la composición: la carne picada es 100% carne, en los preparados la proporción de carne puede variar mucho. Hay productos donde no llega ni al 70%”, apunta.
Y si el porcentaje de carne es tan bajo, no nos podemos fiar del precio. Para el fabricante, un preparado de burger meat con 70% de carne le sale mucho más barato de fabricar, por lo que se suelen ofertar más económicos que los 100% carne. El problema es que, echando cuentas, el consumidor sale perdiendo, porque además no suelen ser mucho más baratos como para que marquen la diferencia en el presupuesto de nuestra cesta.
El experto advierte también sobre otras triquiñuelas de la industria, el clásico de jugar al despiste con el nombre. “Algunas marcas utilizan nombres que pueden resultar confusos, como 'picada', lo que puede dar a entender que es carne picada cuando en realidad es un preparado de carne”. La denominación auténtica y legal del producto siempre aparece en el etiquetado donde se detallan los ingredientes.
Por último, hay otro facto a tener en cuenta en el que sí sale ganando el preparado de carne, precisamente por no ser 100% carne, la conservación. La carne picada que no ha sido envasada en atmósfera protectora, es decir, la que nos da el carnicero, solo dura 24 horas en la nevera antes de que suponga un riesgo para la salud. Los preparados de carne tienen una vida útil más larga; con antioxidantes duran unos 4 días, y con sulfitos, hasta 8 días, siempre que no se abra el envase.
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