De central nuclear fallida a piscifactoría de lenguados: la nueva vida de Lemóniz con el yerno de Juan Roig como protagonista

Tras cuarenta años sin haberse usado, las instalaciones servirán ahora para la acuicultura tras una inversión de 170 millones de euros

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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El caso de la central nuclear de Lemóniz es uno de los ejemplos más flagrantes del fallo social que supuso la implantación de la energía nuclear en España y, de forma más concreta, en el País Vasco. 

Aquel proyecto, concebido para suministrar electricidad a una parte relevante de Euskadi, quedó marcado por la oposición social y por la violencia de ETA. La banda terrorista encadenó ataques contra la instalación y contra personal vinculado a Iberduero, con hasta cinco asesinatos que golpearon de lleno a trabajadores y responsables del proyecto. 

Después de aquella escalada, y tras años de parálisis, la central nunca llegó a funcionar. Cuatro décadas más tarde, sobre una planta que jamás produjo energía, las autoridades vascas han pactado una nueva vida para el recinto: convertirlo en una piscifactoría de lenguado impulsada por Sea Eight, compañía de acuicultura vinculada al grupo Atitlan.

La iniciativa supone un giro simbólico. Donde se levantó una infraestructura asociada al debate nuclear, al conflicto político y al terrorismo, ahora se proyecta un parque acuícola. El Gobierno vasco ha presentado la reconversión como una apuesta estratégica para reforzar su sector alimentario y dar uso industrial a un espacio abandonado durante décadas. 

Los terrenos pertenecen a la Administración autonómica, y el proyecto se desarrollará mediante una colaboración público-privada. La sociedad Aquacría Basordas será la encargada de canalizar la operación y quedará integrada en Sea Eight, la división acuícola de Atitlan.

Sea Eight está vinculada al grupo Atitlan, un conglomerado de origen valenciano con sedes en Valencia, Madrid y Oporto. Atitlan fue fundado por Roberto Centeno y Aritza Rodero. Centeno es yerno de Juan Roig, presidente y dueño de Mercadona, lo que ha situado el proyecto bajo el foco empresarial valenciano pese a desarrollarse en Vizcaya. 

Basordas Proiektua Lemoiz 27 04 2026 2 Los responsables de Sea Eight, a la izquierda, y miembros del gobierno vasco como el lehendakari, Imanol Pradales, y la consejera de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca, Amaia Barredo. ©Irekia.

La compañía no se limita a la acuicultura. También cuenta con intereses en sectores como el inmobiliario, la agricultura, la industria y los servicios. En este caso, sin embargo, su gran apuesta será criar lenguado en una instalación de grandes dimensiones junto al mar Cantábrico.

La inversión prevista asciende a 170 millones de euros. Según los datos difundidos, el complejo ocupará 46.600 metros cuadrados y se ejecutará por fases durante los próximos años. 

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Lenguados para 2029

Las obras deberían comenzar en 2027. La previsión es que los primeros lenguados empiecen a producirse en 2029 y que lleguen al mercado en torno a 2030, atendiendo a los ciclos biológicos de la especie. Cuando esté a pleno rendimiento, la planta aspira a alcanzar una capacidad de 3.000 toneladas anuales de lenguado. También se calcula la creación de unos 200 empleos directos, además de actividad indirecta asociada.

El proyecto se apoya en la tecnología RAS, siglas en inglés de sistemas de recirculación acuícola. Este modelo permite criar peces en instalaciones controladas, reutilizando el agua y reduciendo el impacto sobre el medio marino. Sea Eight presenta su producto como lenguado premium de acuicultura sostenible, un segmento de valor añadido con el que pretende reforzar su posición internacional. 

Basordas Proiektua Lemoiz 27 04 2026 11 Imanol Pradales, lehendakari, durante la presentación del proyecto.©Irekia.

La empresa ya opera instalaciones de cría de lenguado en Gijón, Cambados y en Portugal, concretamente en Torreira y Póvoa de Varzim. Lemóniz se convertiría así en una pieza clave para escalar su producción.

La antigua central, situada en la cala de Basordas, pasará de ser un símbolo del fracaso nuclear vasco a convertirse en una instalación alimentaria de nueva generación. Su historia pesa. 

Fue concebida en los años setenta, paralizada antes de cargar combustible y abandonada tras una combinación de rechazo social, violencia terrorista y decisiones políticas sobre el futuro nuclear español. Ahora, el mismo emplazamiento aspira a producir pescado de piscifactoría para el mercado europeo.

Lemóniz no generó la electricidad que prometía. Tampoco llegó a integrarse en el sistema energético vasco. Su nueva etapa mira en otra dirección: menos uranio y más acuicultura; menos hormigón varado y más producción alimentaria. Si se cumplen los plazos, la vieja central empezará a suministrar lenguado dentro de pocos años. Una reconversión difícil de imaginar cuando sus reactores inacabados quedaron detenidos para siempre.

Imágenes | Irekia

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