Preparar espinacas al ajillo no tiene grandes complicaciones, y ese es precisamente uno de sus principales atractivos. El secreto del sabor está en el tostado del ajo, que infusiona el aceite y condimenta cada hoja. Al saltearlas brevemente, logramos que conserven toda su intensidad, nutrientes y color vibrante. Si buscas un toque más audaz, puedes sumar unas guindillas, aunque eso ya dependerá del gusto de cada comensal.
Para disfrutar realmente su textura y aroma, lo ideal es disfrutarlas frescas y recién hechas; no sugiero conservarlas de un día para el otro, la espinaca pierde mucha agua y textura si se recalienta o se guarda mucho tiempo.
Pelar los dientes de ajo y cortar en finas láminas. En una sartén, calentar el aceite de oliva.
Una vez que tenga temperatura, añadir los ajos y cocinar a fuego medio hasta que empiecen a dorarse, con cuidado de que no se quemen para que no amarguen. Añadir las espinacas. En un par de minutos reducirán mucho su tamaño. Cocinar unos 2 minutos moviendo constantemente. Solo necesitan "marchitarse" y mezclarse bien con el aceite de ajo. Por último, terminar con la sal, remover y retirar del fuego.
Con qué acompañar la espinaca al ajillo
En este estado, las espinacas al ajillo quedan bien con una porción de arroz blanco o integral, coronándolo con un huevo poché para que la yema empape el grano y la verdura, por ejemplo. También funcionan como guarnición ligera para cualquier proteína animal o vegetal.
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