La mampara de ducha lleva años instalada en los baños como ese elemento que nadie discute, casi tan asumido como el espejo o el lavabo. Sin embargo, en términos de diseño, pocas piezas generan tantas dudas.
Transparente, fría y a menudo demasiado funcional, muchas veces rompe la armonía del espacio, especialmente en baños pequeños o reformados con una estética más cálida.
Lejos de resignarse a la clásica mampara de toda la vida, el interiorista Ángel Camacho propone una alternativa que cambia por completo la percepción de la zona de ducha: levantar un medio muro sobre el que se apoye el cristal.
La idea, compartida por el experto en redes, no solo delimita visualmente los dos ambientes del baño, sino que introduce un recurso práctico que marca la diferencia en el día a día.
Ese pequeño tabique a media altura permite revestir la base con azulejo, piedra o incluso microcemento, de modo que el conjunto pierde el aspecto frío que suele asociarse al cristal desnudo.
Además, gana una segunda función muy doméstica (y bastante inteligente): se convierte en una repisa útil para dejar geles, champús o jabones, evitando baldas metálicas que suelen romper la estética.
La ventaja de esta solución está en que mantiene la sensación de amplitud. El baño sigue respirando visualmente porque el cristal no desaparece, pero la división resulta más amable y coherente con el diseño general. En la práctica, ayuda a separar la zona húmeda sin crear un bloque visual pesado.
Una imagen más limpia
Camacho también plantea una versión más contundente: elevar más ese muro o incluso prescindir por completo de la mampara. En baños contemporáneos, especialmente los acabados en microcemento continuo o superficies sin demasiadas juntas, esta opción ofrece una imagen mucho más limpia y arquitectónica. Eso sí, aquí la distribución debe estar bien pensada para controlar salpicaduras.
Para quienes no quieren renunciar al cristal, el interiorista sugiere materiales menos convencionales. Una de las opciones más interesantes es el vidrio biselado, que aporta reflejos y juegos de luz mucho más sofisticados que el típico panel transparente. El resultado recuerda a ciertos baños de hotel boutique, donde el cristal deja de ser una mera barrera para convertirse en parte del diseño.
Una pared de azulejos
Otra alternativa consiste en sustituir directamente la mampara por una pared revestida de azulejos. Esta solución transforma la ducha en un espacio más recogido, casi envolvente, y permite jugar con revestimientos de contraste: piezas tipo zellige, cerámica mate o acabados en relieve que añaden textura sin recargar.
Entre la transparencia total y el muro sólido aparece una tercera vía: el cristal rugoso o translúcido. Este acabado mantiene la ligereza del vidrio, pero suma privacidad y un punto decorativo muy actual, especialmente en baños compartidos o suites donde se busca cierto equilibrio entre intimidad y luz.
Lo interesante de estas propuestas es que desplazan el foco desde la mampara como pieza obligatoria hacia la ducha como parte del proyecto decorativo. Ya no se trata solo de evitar que salga el agua, sino de integrar cada elemento para que el baño deje de parecer una suma de piezas funcionales y se convierta en un espacio pensado con intención.
Fotos | Ángel Camacho
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