Ibiza desaloja a 200 personas que vivían en furgonetas y frena las campers, pero no eran okupas: son trabajadores que no pueden permitirse el piso

Las tensiones habitacionales en la isla se multiplican a medida que se acerca la temporada de verano

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Cada temporada alta convierte a Ibiza en un tablero de tensión. Unos llegan buscando vuelos baratos, otros reservan hoteles imposibles y muchos visitantes solo piensan en playas, restaurantes y discotecas. Pero detrás de esa postal turística hay otra realidad mucho menos cómoda. La viven quienes aterrizan en la isla para trabajar durante el verano y descubren que encontrar una cama puede ser casi tan difícil como conseguir un contrato.

En las últimas semanas, esa crisis ha vuelto a quedar al descubierto con el desalojo de unas 200 personas que residían en asentamientos improvisados, principalmente en zonas como Sa Joveria y Can Misses. No eran turistas intentando ahorrarse el hotel. Tampoco okupas en el sentido que suele aparecer en ciertos titulares. 

Trabajadores en infraviviendas

En buena parte, eran trabajadores con empleo o con intención de trabajar en sectores que sostienen la temporada: hostelería, construcción, limpieza, ocio nocturno y servicios vinculados al turismo. Muchos habían acabado viviendo en furgonetas, caravanas, tiendas o infraviviendas porque el mercado del alquiler les había expulsado antes incluso de empezar.

Sa Joveria, cerca del hospital, se había convertido en uno de los puntos más visibles del problema. Allí convivían caravanas, chabolas y estructuras precarias levantadas con madera, cartón o lonas. El Ayuntamiento de Ibiza justificó la intervención por motivos de seguridad, salubridad y riesgo medioambiental. 

El operativo se desarrolló sin incidentes graves y contó con presencia policial y servicios sociales. Poco después, el foco se trasladó a Can Misses, junto al estadio, donde también se había formado otro asentamiento con decenas de personas viviendo sobre ruedas o en construcciones de emergencia.

El dilema ibicenco: hay trabajo, pero no donde meter a los trabajadores

La paradoja es evidente. Ibiza necesita miles de empleados para abrir hoteles, servir mesas, limpiar habitaciones, atender locales y levantar obras. Sin embargo, muchos de esos trabajadores no pueden pagar una vivienda en la isla. 

En portales inmobiliarios, una habitación puede superar los 1.000 euros mensuales y los pisos se sitúan con facilidad por encima de los 2.100 euros. Frente a sueldos que muchas veces rondan o no alcanzan los 1.800 euros, las cuentas no salen. Por eso, para algunos, una furgoneta dejó de ser una opción de viaje y pasó a convertirse en el único techo posible.

El freno a las campers en Ibiza

A la vez, Ibiza ha decidido pisar el freno a las campers. Con la aplicación de la Ley 5/2024 de control de afluencia de vehículos, la entrada y permanencia de vehículos en la isla queda mucho más vigilada durante los meses de mayor presión turística. 

Las caravanas y autocaravanas tienen que cumplir requisitos específicos, como disponer de reserva en un camping autorizado, y la normativa prohíbe la acampada y la pernocta en suelo rústico fuera de los espacios legales. El problema es que la isla cuenta con muy pocos campings, suelen llenarse pronto y sus precios no son asumibles para quien pretende quedarse meses trabajando.

furgoneta camper

Ese cambio normativo deja cada vez menos margen a quienes viven en vehículos. En zonas rurales, la pernocta puede considerarse una infracción contra el territorio. En espacios urbanos, las ordenanzas municipales también estrechan el cerco cuando un vehículo muestra señales de estar siendo usado como vivienda o permanece demasiado tiempo en el mismo aparcamiento.

A ello se suma la vigilancia con cámaras, controles de matrículas e incluso drones en determinados municipios. La consecuencia es una vida nómada forzada dentro de una isla pequeña, cara y cada vez más controlada.

Las instituciones defienden que no pueden permitir asentamientos sin condiciones mínimas de higiene, con riesgo de incendios o acumulación de residuos. 

También señalan que algunos terrenos son privados y que deben recuperarse, limpiarse y vallarse. Pero las entidades sociales advierten de que desalojar no equivale a solucionar. Muchas personas simplemente se desplazan a otro solar, a otro camino o a otro municipio. Cambia el mapa, no el problema.

Imágenes | Photo by Alimurat Üral / Photo by Nataliya Vaitkevich

En DAP | Con 36 años, vive en una camper Toyota viajando por todo el mundo y gastando menos de 1.200 euros al mes



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