Siempre que se habla de picaresca, tanto la del hostelero como la del cliente, acabamos pensando que los españoles vamos a la cabeza del mundo a la hora de echarle morro a situaciones con las que evitar pagar de más o, directamente, evitar pasar por caja.
Sin embargo, parece que también hay alumnos aventajados en las antípodas, concretamente en Australia, donde un cliente tuvo una idea tan “genial” como asquerosa para intentar no pagar la cuenta en un restaurante. Quiso comer por la gorra, pero el plan le salió bastante regular.
Su intención, una vez con el plato principal en la mesa, era recurrir a artimañas clásicas: echar mano a la axila y sacar de allí unos cuantos pelos, víctimas ideales para acabar “sazonando” el filete y, con la excusa de la contaminación, culpar a los camareros y librarse de pagar.
Lo que nuestro infeliz amigo —además de cerdo, bastante despreciable— no sabía es que el restaurante contaba con un circuito cerrado de cámaras de seguridad que captó en todo momento sus prospecciones foliculares en las axilas, eligiendo con mimo, casi como quien selecciona ingredientes para una receta, los pelos con los que pretendía montar el numerito en el local, como explica el periódico Metro.
Todo sucedió en el restaurante Pony Dining The Rocks, situado cerca de Sydney Harbour, una de las zonas más turísticas de la ciudad australiana. Allí acudió el protagonista junto a su familia: en total, seis personas que se dieron un buen atracón en el que no faltaron carnes de bastante prestancia, esas que el paisano pretendía que le salieran gratis. Cuando terminaron de comer, llegó la estrategia: quejarse de que la comida estaba “contaminada” y negarse a pagar.
Por desgracia para el restaurante, tras comprobar que todo estaba, en apariencia, en orden, no pudieron acreditar la situación en ese momento. Cuando llegó la policía, el circuito de cámaras no estaba listo para aportar las imágenes, así que los clientes se marcharon sin pagar la cuenta completa, abonando únicamente las bebidas.
Sin embargo, al revisar después lo que había grabado el sistema de videovigilancia, el restaurante decidió tomarse la justicia por su cuenta y publicó en sus redes sociales lo que el asqueroso comensal hizo durante su estancia: arrancarse pelos de los sobacos para, después, echarle la culpa al establecimiento, como explican desde NDTV.
Todo, evidentemente, a posteriori. En las imágenes del vídeo se aprecia cómo la familia ya había dado rienda suelta a sus ansias culinarias, dejando casi limpio el hueso del tomahawk que se les había servido y donde una de las menores se esmeraba en lamer hasta el plato.
Lo peor de toda la historia, aparte de que gentuza hay en todas partes, es que suele retroalimentarse. Tras difundirse el vídeo, un compañero de profesión que trabaja en un local cercano denunció que la misma familia había comido en su restaurante y había hecho lo mismo: irse sin pagar, alegando, en esa ocasión, que habían encontrado una piedra en la comida.
Imágenes y vídeo | Pony Dining The Rocks