El chocolate ha subido tanto de precio en los últimos años que casi se ha convertido en un producto de lujo. El principal culpable es el coste del cacao, que tras alcanzar máximos históricos ha puesto contra las cuerdas a la industria. Ahora sus precios se están desplomando, causando una revolución en el mercado cuyas consecuencias todavía son muy difusas.
Dos años de escaladas de precios en la principal materia prima de este dulce han llevado a las compañías a reducir no solo el tamaño de sus productos, sino también a disminuir la cantidad de cacao que usaban en sus fórmulas. Tanto, que algunas marcas han tenido que dejar de llamar a sus productos chocolatinas por no alcanzar el mínimo legal.
Sin embargo, el panorama ya está cambiando. Como exponen las cifras que recogen en Food Navigator, el precio del cacao ha caído por debajo de los 4.000 dólares por tonelada métrica, algo que no sucedía desde noviembre de 2023. A fecha de 13 de febrero se sitúa ya en 3.429 dólares por tonelada métrica, y se espera que siga bajando.
El motivo del hundimiento de los precios es, principalmente, la acumulación de excedentes de materia prima en los países productores. Ha caído la demanda y el interés de los grandes países importadores por comprar cacao, lo que, unido a una recuperación de las cosechas, está provocando que países como Ghana o Costa de Marfil no consigan vender todo lo que producen. Baja la demanda, caen los precios.
Los productores ven con optimismo las próximas campañas gracias a la mejora en las condiciones climáticas. Sin embargo, StoneX, compañía de servicios financieros, pronostica un excedente mundial de cacao de 287.000 toneladas para la campaña 2025/26, y de y unas de 267.000 toneladas para la próxima campaña.
Tal y como explican en Food Navigator, este nuevo panorama puede traer buenas y malas noticias para la industria del chocolate. Que el cacao sea más barato es, a priori, beneficioso, pero la situación podría ser más complicada. Una fluctuación tan brusca en los precios supone una reconfiguración completa del mercado mundial, que, aunque podría traer un alivio económico momentáneo, abre un futuro próximo aún lleno de dudas.
Los agricultores viven actualmente en un clima de desconfianza ante la baja demanda de su producto y ya han manifestado su reticencia a cosechar si no tienen garantías de obtener beneficios. “Cualquier vacilación de los agricultores a la hora de cosechar, o cualquier degradación de la calidad relacionada con problemas de almacenamiento, podría introducir una nueva volatilidad incluso en un año de excedentes”, afirma el medio.
Así, a la industria del chocolate no le queda otra que vigilar de cerca cualquier nueva variación del mercado, evitar los contratos a largo plazo y trabajar de cerca con los proveedores para establecer una relación comercial sólida desde el origen del cacao, colaborando con los agricultores para asegurar la resiliencia del sector.
El próximo año será clave para poder ver con más claridad el futuro del chocolate y de cómo termina afectando a nuestros bolsillos.
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