Elegir entre ventilador o aire acondicionado vuelve a ser una de las grandes dudas de cada verano. Sin embargo, los especialistas en climatización insisten en que no se trata de escoger uno u otro, sino de utilizarlos de forma estratégica.
La combinación adecuada permite mantener una temperatura agradable en casa y, al mismo tiempo, contener el consumo eléctrico. A ello se suma otro cambio que cada vez condiciona más los hogares españoles: las noches ya no refrescan como antes.
En muchas ciudades costeras y grandes núcleos urbanos, abrir las ventanas al anochecer ha dejado de ser siempre la mejor solución, ya que el aire exterior puede seguir siendo tan cálido como el del interior.
El ventilador consume mucho menos
La principal ventaja del ventilador está en su eficiencia energética. Un modelo doméstico suele consumir alrededor de 60 vatios por hora, una cifra muy inferior a la de un equipo de aire acondicionado.
Esta diferencia hace que un ventilador pueda llegar a consumir hasta entre 20 y 25 veces menos electricidad que un aire acondicionado convencional, según As. La contrapartida es que ambos aparatos no cumplen la misma función: mientras el aire acondicionado reduce realmente la temperatura del ambiente, el ventilador simplemente mueve el aire y mejora la sensación térmica sobre la piel.
La mejor estrategia
Precisamente por esa diferencia de funcionamiento, los expertos recomiendan utilizarlos de forma complementaria. El aire acondicionado puede emplearse para bajar la temperatura de la estancia durante un tiempo limitado y, una vez alcanzado un ambiente confortable, dejar que el ventilador mantenga esa sensación de frescor consumiendo mucha menos energía.
Este sistema permite reducir las horas de funcionamiento del compresor, el elemento que más electricidad demanda del aire acondicionado, y rebajar así el importe de la factura eléctrica.
Abrir las ventanas ya no siempre ayuda
Durante décadas, la recomendación consistía en cerrar la vivienda durante las horas de más calor y abrir todas las ventanas por la noche para renovar el aire. Esa estrategia sigue siendo válida cuando la temperatura exterior desciende lo suficiente, pero ya no funciona igual en todas las zonas.
Los especialistas recuerdan que la decisión debe basarse en el termómetro y no en el reloj. Si durante la noche el exterior continúa por encima de los 20 o 25 grados, abrir las ventanas apenas refresca la vivienda e incluso puede introducir más calor.
Las noches tropicales cambian los hábitos
Este fenómeno afecta especialmente a las ciudades y a buena parte del litoral español, donde las llamadas noches tropicales y tórridas son cada vez más habituales. Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), las noches con temperaturas mínimas muy elevadas se han multiplicado en las últimas décadas.
Cuando eso ocurre, los expertos aconsejan conservar el fresco acumulado en el interior manteniendo la vivienda cerrada durante las horas más cálidas, utilizar persianas o toldos para reducir la radiación solar y recurrir al aire acondicionado solo cuando resulte necesario. Una vez alcanzada una temperatura confortable, el ventilador puede encargarse de mantener esa sensación de frescor con un consumo mucho más reducido.
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