El mantenimiento de las almohadas no suele figurar entre las tareas domésticas más urgentes, pero debería. Pasamos casi un tercio del día sobre ellas, respirando su superficie y apoyando la piel en contacto directo con el tejido.
Con el tiempo, acumulan sudor, polvo, células muertas y ácaros invisibles, además de mucha baba de la que apenas somos conscientes, un cóctel que sin duda puede afectar al descanso y a la salud.
Sin embargo, paradójicamente, la almohada es algo que apenas se lava y que muchos descuidan durante largos meses, pese a verse las caras muy de cerca con estas cada noche.
La recomendación genérica pasa por lavarlas entre dos y cuatro veces al año, dependiendo del material y del uso. Las fundas protectoras deben cambiarse cada semana, porque son la primera barrera contra la suciedad y la humedad.
Una buena práctica es airear las almohadas al sol una vez a la semana: bastan diez minutos para eliminar la humedad y renovar el olor. Con una ventilación simple se logra un resultado eficaz y se evita tener que realizar un lavado semanal, que resultaría excesivo.
Plumas y fibras sintéticas
En cuanto a la forma de lavarlas, cada tipo de almohada requiere un cuidado distinto. Las de plumas o fibra sintética pueden lavarse en lavadora con un programa delicado y agua templada. Lo ideal es usar un detergente neutro y evitar el suavizante, que puede apelmazar el relleno.
Hay quienes aconsejan rematar este proceso tan particular metiendo dos pelotas de tenis limpias en el tambor para mantener la forma y facilitar el secado. Si hay un movimiento constante, el relleno permanece intacto.
Viscoelásticas y látex
En el caso de las almohadas viscoelásticas o de látex, el proceso cambia. No deben mojarse en exceso porque el material tarda mucho en secar y podría deteriorarse.
En su lugar, se recomienda limpiar la superficie con un paño húmedo y unas gotas de jabón neutro. Después, conviene dejarla ventilar varias horas en un lugar fresco y sin sol directo.
Alérgicos y pieles sensibles
Para las personas con alergias o piel sensible, los expertos recomiendan usar fundas hipoalergénicas y lavarlas con agua caliente, al menos a 60 grados, para eliminar ácaros y bacterias. Si la lavadora lo permite, un ciclo de vapor es también una buena opción.
Y aunque la limpieza prolonga su durabilidad, ninguna almohada es eterna. Los especialistas en descanso insisten en sustituirlas cada dos años. Si notas bultos, manchas o una pérdida de firmeza, ha llegado el momento de cambiarlas. Una almohada deformada no solo resta comodidad, también altera la postura cervical y puede provocar molestias.
Bicarbonato para absorber la humedad
Un truco poco conocido consiste en espolvorear un poco de bicarbonato sobre la almohada antes de airearla. Ayuda a neutralizar olores y absorber la humedad. Después, basta con sacudirla bien para dejarla como nueva.
Cuidar las almohadas no es una tarea menor: es parte del ritual del descanso. Mantenerlas limpias, secas y en buen estado mejora la calidad del sueño y la salud de la piel. No es solo una cuestión de orden doméstico, sino de bienestar.
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