Poner la lavadora forma parte de la rutina diaria y rara vez se cuestiona cómo se hace. Se introduce la ropa, se añade detergente y se pulsa un botón. Sin embargo, pequeños gestos pueden marcar una diferencia notable en el resultado final del lavado, como los que las abuelas han imprimido siempre a sus coladas.
En este contexto, vuelve a circular un truco doméstico que muchos daban por olvidado: añadir una pequeña cantidad de sal al detergente. No se trata de una moda reciente, sino de una práctica con base técnica que ha sobrevivido en entornos profesionales.
Mejora de la eficiencia
En realidad, la sal puede mejorar la eficacia del detergente y ayudar a cuidar las prendas si se utiliza de forma correcta y puntual, sin abusos ni mezclas inadecuadas.
Esto es así, no por arte de magia ni porque limpie más fuerte, sino por varios efectos químicos y físicos bastante concretos. El primero tiene que ver con la dureza del agua. En muchas zonas, el agua contiene altos niveles de calcio y magnesio, minerales que interfieren con la acción del detergente.
El cloruro sódico ayuda a neutralizar parcialmente estos minerales, permitiendo que los tensioactivos del detergente actúen con mayor eficacia sobre la suciedad. No sustituye a un antical, pero puede ayudar en lavados concretos.
Reduce la liberación de tintes
Otro efecto importante es la fijación de los colores. La sal reduce la liberación de los tintes durante el lavado, sobre todo en prendas nuevas u oscuras. Al estabilizar los colorantes, evita que sangren y manchen otras prendas, lo que indirectamente hace que el detergente trabaje mejor sin arrastrar tanto pigmento suelto.
La sal también influye en la estructura del detergente. En pequeñas cantidades, la sal puede favorecer que los tensioactivos se distribuyan de forma más uniforme en el agua, mejorando el contacto entre detergente, tejido y suciedad. Es un efecto sutil, pero real, especialmente en lavados cortos o a baja temperatura.
No es un sustituto
Eso sí, conviene poner límites claros. La sal no sustituye al detergente, no elimina manchas difíciles por sí sola y un uso excesivo puede dañar la lavadora o los tejidos. Además, no es recomendable en ropa delicada ni en programas específicos como lana o seda.
Así, esta puede potenciar el detergente en contextos muy concretos: agua dura, ropa oscura, prendas nuevas o lavados suaves, y funciona por química básica, no por truco viral. Y como casi todo en el hogar, el secreto está más en la dosis que en el ingrediente, por ello quienes la comparten insisten en la moderación.
Basta con una pequeña cantidad y no debe usarse en todos los ciclos ni en tejidos delicados o técnicos. Usada con sentido común, la sal puede convertirse en un complemento sencillo para mejorar el lavado y alargar la vida útil de la ropa.
Fotos | Pexels