A pesar de la llegada de materiales modernos como la silicona o el plástico, los utensilios de madera siguen primando en muchas cocinas. En consonancia con lo anterior, existe un conocimiento popular muy extendido: el agua a 100 °C es el desinfectante natural por excelencia, capaz de eliminar bacterias, virus y moho de casi cualquier superficie.
Por eso, muchos recurren a hervir sus cucharas o tablas de madera para quitar olores a ajo o restos de grasa. Sin embargo, lo que parece una medida de higiene es un error que compromete la vida útil del utensilio y la seguridad alimentaria. Si bien el calor limpia, la naturaleza del material tiene sus propias reglas.
La madera es un material poroso, y esta característica es su mayor debilidad frente a las altas temperaturas. Al sumergir un utensilio en agua hirviendo, las fibras absorben una cantidad excesiva de humedad, lo que provoca que el material se debilite y termine agrietándose. Además del daño estético, el agua que queda atrapada en los poros tiene grandes dificultades para evaporarse, creando un ambiente húmedo ideal para la proliferación bacteriana.
Si el agua es el enemigo, la abrasión suave es la solución. Para una limpieza profunda que realmente elimine las superficies ablandadas o contaminadas, el experto Bruno Gin, bajo en el usuario @bgin.clean, recomienda el uso de un papel de lija de grano fino o un raspador pequeño. Lo hizo en la televisión francesa en el programa Telematin.
Él procede y cuenta, al lijar suavemente la superficie, se elimina la capa superficial que ha acumulado residuos y olores sin comprometer la estructura interna del objeto. Tras retirar el polvillo con un paño seco, es fundamental alimentar la madera aplicando un aceite vegetal comestible, lo que sella los poros y crea una barrera protectora contra la humedad futura.
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