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Siete razones por las que prefiero la edición americana de MasterChef antes que la española

Siete razones por las que prefiero la edición americana de MasterChef antes que la española
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Como he comentado alguna vez, mis principales aficiones hoy en día son la gastronomía, el cine y la televisión, y por eso es inevitable que cuando surge una nueva propuesta que las combine, tenga mi atención desde el principio. Por eso llevo siguiendo desde que empezó - algo intermitentemente - la versión española de MasterChef, pero tengo que reconocer que disfruto muchísimo más la edición americana, y estas son las siete razones principales.

Tengo claro y asumido que la televisión española no funciona igual que la estadounidense y me alegro de que MasterChef sea un éxito para TVE, pero personalmente no me gusta usar diferentes varas de medir a la hora de valorar un programa o serie de televisión. Al final lo que cuenta es la capacidad que tiene de entretener, y en eso la versión americana sigue a años luz de la española.

1. La duración, o cómo volver eterno un programa

Masterchef Jurado

Este es uno de los grandes males de la televisión española que suele afectar por igual a series, programas y concursos de todo tipo. En el caso de MasterChef se vuelve algo demencial, estirando cada programa hasta el límite y provocando que su visionado se alargue hasta mucho más de la medianoche. Creo que no tiene ningún sentido que un programa de este tipo, familiar y encima emitido en una cadena sin cortes publicitarios, obligue al espectdor a trasnochar de esta manera.

Además de empezar demasiado tarde – aquel esperanzador experimento de adelantar el prime time a las 22:00 desapareció pronto -, los programas son eternos. Desperdician muchos minutos con tonterías antes de empezar a cocinar, el tiempo parece detenerse con cada prueba y hay relleno intrascendente por todos lados.

Masterchef Top 22

Las repetitivas y cansinas promociones de diversos productos del programa, los recorridos turísticos poco sutiles cada vez que salen de plató, demasiados invitados, conversaciones que no aportan nada entre los jueces o un exceso de la vida personal de cada concursante y sus testimonios rellenan los huecos que las propias pruebas de cocina no pueden ocupar para un programa de más de dos horas.

¿Cuánto dura un programa normal de MasterChef en Estados Unidos? Alrededor de 40 minutos, a los que habría que sumar las pausas publicitarias. Y sí, da perfectamente tiempo a resumir el programa anterior, exponer las pruebas, juzgar los platos y mostrar a los concursantes cocinar y comentar sus experiencias. Incluso hay cabida para bromas y polémicas entre ellos, sin necesidad de mostrarnos conversaciones de varios minutos aburridas y sin relevancia.

2. El montaje, la realización y el ritmo

Masterchef Ninos

Derivado de lo anterior tenemos en España un programa con una falta de ritmo y un montaje que dejan mucho que desear. Es lógico, ya que hay que ocupar tantísimos minutos, pero aún así se podría mejorar. Hay muchos tramos en los que el visionado es aburrido, no se logra transmitir tensión y eso resta emoción al desarrollo de las pruebas.

Que cada dos por tres uno de los jueces interrumpa a un concursante para “sugerirle” que lea el libro oficial de recetas, que use el aceite de oliva o que recicle los envases, sólo consigue matar aún más el poco ritmo del programa. Además, en la edición americana controlan mucho mejor la realización ofreciendo un visionado dinámico, ágil, con planos en los que se aprecia mucho mejor cómo cocinan y qué aspecto tiene la comida, algo fundamental en un concurso de este tipo.

3. Guiones forzados

Masterchef Pepe

Hay que reconocer que en este apecto han mejorado un poco respecto a los inicios del primer MasterChef, pero los guiones siguen siendo forzados y llaman demasiado la atención muchas veces. Se les ve mucho el plumero y son poco sutiles, por no hablar de la poca naturalidad de muchas conversaciones entre jueces, concursantes e invitados.

Todos los programas de televisión tienen un guión y también se nota en otras versiones de MasterChef, pero se disimula mucho mejor. En ocasiones incluso no ha sido difícil adivinar qué concursante iba a ser eliminado ya por cómo estaba estructurado el programa ya en los primeros minutos.

Otra cuestión que siguen sin mejorar son las líneas de diálogo repetitivas, cuando explican las cosas varias veces o nos vuelven a contar con palabras lo que acabamos de ver. Ciertas palabras y frases que repiten una y otra vez cada semana se vuelven incluso molestas y no ayuda a superar ese tedio generalizado ni a la falta de ritmo ya comentada.

4. Presentadora intrascendente

Masterchef Eva

No tengo nada en contra de Eva González y es hasta entrañable la bondad inocente que transmite y el cariño que parece coger a algunos concursantes, pero en mi opinión su papel es totalmente prescidible. En la versión americana no hay presentador, son los propios jueces los que conducen el programa y se cuenta con el apoyo de un narrador en voz en off, que ayuda a hacer todo más ágil.

La presentadora no aporta normalmente nada, sólo suele estar parada sin tener nada que hacer, a veces mirando todo con una cara como fuera de lugar, y las pocas veces que interviene son para contar cosas que ya hemos visto, que ya sabemos o que los jueces ya han contado. De vez en cuando avisa del tiempo que les queda a los aspirantes para terminar una prueba, pero otras son los jueces los que asumen ese papel, sin orden ni lógica en sus papeles.

5. Los jueces y sus problemas

Masterchef Jueces

Reconozco que nunca me han gustado especialmente los jueces elegidos para nuestra edición de MasterChef. Han mejorado desde el primer programa, eso sí, pues se notaba mucho al principio que les faltaban tablas delante de las cámaras, pero la dinámica que han establecido entre ellos no me convence mucho. Sé que es una cuestión personal, pero les sigue faltando naturalidad.

Samantha es la que tiene más problemas para ser atractiva televisivamente hablando, suele sonar muy forzada, aporta más bien poco en sus intervenciones y ha tenido más de una metedura de pata. Es demasiado estática, poco natural y parece que está leyendo en lugar de intervenir con fluidez natural. A Jordi y Pepe a veces también se les nota muy forzados al hablar, aunque ya tienen asumida esa relación de cachondeo entre ellos que, sinceramente, también me sobra muchas veces.

Masterchef Usa

En más de una ocasión se han pasado de graciosos con los concursantes, aunque este año tienen suerte de que su claramente favorito, Carlos, les sigue con gracia el juego. Pero lo que menos me gusta es cuando se pasan de la raya con ellos faltándoles directamente al respeto, también con críticas excesivamente crueles como en las que están cayendo este año desde el famoso León come gamba.

Sí, es un show televisivo y también sus homólogos de Estados Unidos son duros con sus críticas, pero humillar por humillar cuando no viene a cuento es excesivo. Gordon Ramsay tiene fama de tener mala leche pero a mí me parece mucho más amable y educado en la mayoría de situaciones. Este año he visto sobre todo a Jordi asumiendo el papel de poli malo y cruel cuando no había tal necesidad, de nuevo, sonando muy forzado. Por no hablar cuando se les ve claramente el plumero en sus críticas hacia los platos de los concursantes, aunque ese es otro tema.

6. Excesos lacrimógenos

Masterchef Sally

Otra cuestión relacionada con la duración excesiva es la excesiva presencia de momentos lacrimógenos a lo largo de cada edición. Está bien conocer un poco a los concursantes y saber cómo es su vida para empatizar y conectar con ellos, pero todo tiene un límite. No olvidemos que esto sigue siendo un programa de cocina.

Lo peor es cuando les llevan mensajes de sus familiares y amigos, o directamente éstos aparecen en plató para participar en las pruebas. No sería tan molesto si estos momentos no duraran tantísimos minutos, pues cuando me doy cuenta de que el cocinar se ha relegado a un segundo o tercer plano, es cuando más me desespero y apenas cosigo aguantar despierta.

7. El casting y el nivel de los concursantes

Masterchef Concursantes

Partiendo del hecho de que esto sigue siendo un programa de televisión que tiene que generar interés a la audiencia, el casting de estas tres ediciones que llevamos deja mucho que desear. Los concursantes no son profesionales de la cocina, pero en ocasiones hemos visto a verdaderos incapaces con una cultura gastronómica mediocre y una falta absoluta de dominio de técnicas básicas.

Sobre todo en la primera parte de cada edición, el nivel de los platos es deplorable. Al compararlos con lo que cocinan los aspirantes de la edición americana ya en los primeros programas se comprueba la diferencia abismal entre unos y otros, pues aunque van aprendiendo y mejorando con el paso del tiempo, el nivel inicial es, en general, muy malo.

Se supone que son “los mejores cocineros no profesionales del país”, pero en muchos casos hay que ponerlo seriamente en duda. En el MasterChef de Estados Unidos hay también concursantes más mediocres, pero caen rápido y en general todos tienen mucho más nivel, independientemente de la edad o profesión. Además, se nota mucho cuando a la hora del casting dan prioridad a participantes que supuestamente darán más juego televisivo que no a los que podrían aspirar a cocinar realmente bien.

Masterchef Usa2

En definitiva, podríamos decir que los grandes males que afectan a nuestro MasterChef se derivan del exceso de duración, pero también a una falta de interés por mejorar. Estamos ya terminando la tercera edición, más los programas infantiles en medio, y me parece que ha habido margen para corregir ciertos errores.

Todas las ediciones de MasterChef buscan el espectáculo televisivo y manipulan más o menos el discurrir de los programas, pero lo importante es que no se note. Yo le pido a este tipo de concursos que sean entretenidos, ágiles y que la cocina sea siempre el foco principal. Y quiero que la comida me inspire, me abra el apetito y me depierte las ganas de cocinar y probar ciertas recetas o productos. Un programa del MasterChef americano siempre, siempre me abre el apetito, pero la edición española pocas veces lo consigue de verdad.

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